Seguramente, como ha escrito la prensa alemana, el puesto de presidente de la República Federal le venía demasiado grande al ahora dimitido Christian Wulff, pero la obstinación de Angela Merkel en llevarlo a la jefatura del Estado demuestra una falta de criterio manifiesta, especialmente cuando es el segundo presidente obligado a abandonar el cargo bajo el mandato de la cancillera. La dimisión, más allá de lo que demuestra sobre la debilidad humana que no conoce fronteras, y la búsqueda de sucesor no podían llegar en un peor momento para Merkel, para su partido, para Alemania, y también para la Europa que intenta superar sin demasiado éxito la grave crisis del euro. La reputación y la autoridad alemanas resultan dañadas por este serio incidente.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 18 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La cancillera y su partido, el cristiano demócrata CDU, sufrieron el pasado año seis derrotas, algunas muy significativas, en otros tantos estados federados y el próximo mes las elecciones de Sarre y Schleswig-Holstein no auguran nada bueno para Merkel y la CDU. Por otra parte, la necesidad de resolver esta crisis institucional obligará a la cancillera a dedicarle tiempo y esfuerzos en un momento en que la crisis del euro deberían reclamar su atención. Pese a todo, la dimisión de Wulff, como la de su antecesor, demuestra que en la democracia alemana siguen rigiendo unos principios éticos cada vez más difíciles de encontrar en otros países.