Bruce Springsteen ha elegido el estruendo para compartir su posicionamiento ante la dureza de los tiempos corrientes. Sin haberse discutido a fondo las causas, las complicidades y los beneficiados por esta crisis devastadora, la doctrina dominante intenta ahora racionalizar las consecuencias, que de momento recaen en los más débiles. Springsteen opta por hacer ruido ante el silencio cómplice de los verdugos y acatador de los sentenciados.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 21 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Ya pasó antes y pasará otra vez», canta en una se sus nuevas letras. Es por ello que el alma de Wrecking Ball la busca en el folk americano y en la música espiritual. El sentimiento de comunidad, siempre presente en su discografía, adquiere máxima presencia escénica cuando quien lo acompaña es la E Street Band. Y ahora era el momento de volver a contar con ella. Si con la Sessions Band desempolvó la tradición de protesta y compromiso de Pete Seeger o Woody Guthrie, ahora los chicos de la calle E expresan la que el propio Springsteen firma de puño y letra en el momento actual. Wrecking ball denuncia, aglutina e invita a cantar, gritar y dar palmas. Conciencia, compromiso y lucha por el futuro. Al tren de los sueños y las esperanzas para salir de esta, Bruce le suma ahora la locomotora más potente del rock.
La producción de Aniello y Tom Morello, además, le da una nueva dimensión.
Los conciertos que veremos en Sevilla, Las Palmas, Barcelona, San Sebastián o Madrid nos prometen diversión, pero no evasión. Bruce está en el presente, en el centro del diálogo. Con una percusión poderosa, sonarán tambores de regeneración musical y cívica. El canto comprometido y vital de un grupo de músicos que se resisten a ser una atracción de feria para nostálgicos. Son una máquina engrasada e imparable que ahora acepta el reto de llevar una bola de acero para demoler discursos vacíos y cómplices de la injusticia del momento. El jueves presentó el disco en París, y los adoquines del 68 ya tienen también forma de canción.