José Antonio Bueno
El fin del mundo ya está aquí, todos moriremos aplastados por un meteorito el 21 de diciembre de este año. Bueno, en realidad, solo aquellos que se hayan salvado de la gran inundación derivada del derretimiento de los glaciares por el calentamiento global, que, a su vez, ya habrán sobrevivido a una epidemia de fiebre ébola provocada por un ataque terrorista. Dentro de nada las calles se llenarán de zombis y la saturación de ondas electromagnéticas hará que nos crezcan tres brazos y cinco piernas. ¡Basta ya de escenarios apocalípticos!
Información publicada en la página 9 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 20 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La situación financiera, simplemente, atenta contra el sentido común. Cualquier comentario, gesto o rumor desencadena el pánico colectivo, facilita la especulación y posibilita el autocumplimiento de las profecías del fin del mundo. El escenario macroeconómico es complejo, pero hemos llegado a una situación fuera del alcance de los ciudadanos. Que Barroso, Draghi, Merkel y Rajoy lo arreglen, o que no lo estropeen más. Si quieren influir en el destino de Grecia, que lo hagan, pero que nos dejen vivir en paz. Lo importante es tener trabajo y, sobre todo, ser felices.
NUESTRO GOBIERNO, en apariencia y en currículo más letrado que el anterior, lleva camino de acabar como el de Yorgos Papandreu, a quien la gestión de una crisis que él no provocó lo trituró. En España partíamos de una mala situación, pero hemos dado decididos pasos¿ hacia el abismo. Hemos convertido en portada del Wall Street Journal y, sobre todo, de nuestro íntimo amigo el Financial Times nuestros problemas domésticos. Los actuales inquilinos del poder imagino que se han quedado muy satisfechos al llegar a la que consideraban su casa y romper toda la vajilla en mil pedazos. Nos dijeron que había facturas en los cajones, bancos quebrados y que el país estaba en la bancarrota. Lo malo es que también los escucharon fuera de España. Ahora, cuando queremos cenar sopa, no tienen dónde servirla. No solo hemos perdido el control de la situación sino que somos el hazmerreír de Europa. Podemos criticar el talante de frau Merkel, decir que los holandeses quieren hundir nuestros bancos, acordarnos de la familia de los funcionarios residentes en Bruselas, pero ¿qué no haríamos nosotros si viésemos mañana, tarde y noche que el dinero de nuestros impuestos se ha dilapidado en obras sin sentido, que nadie paga por ello y, además, los derrochones se fuman un puro y se van a los toros? Leña al mono, que es de goma.
Ahora que tan de moda está la crisis bancaria es bueno recordar en qué se ha empleado (parte) del dinero público del FROB 1 y 2: retiros dorados de directivos culpables por acción u omisión, prejubilaciones y salidas incentivadas igualmente doradas para los empleados reestructurados, cambios de marca e imagen, patrocinios glamurosos. ¿Era eso un rescate o simplemente seguir tirando el dinero? Látigo y penitencia. Nos lo hemos merecido. Pero una cosa es el necesario propósito de la enmienda y hasta la penitencia y otra asumir que merecemos el fuego eterno. Ya ha quedado muy claro que Bankia, Catalunya Caixa, Nova Caixa Galicia y el Banco de Valencia necesitan, lo miremos como lo miremos, una pasta para sanearse o para liquidarse, porque si es más barato no pasa nada por liquidar, ordenadamente, un banco. En Europa han caído 11 bancos. En Estados Unidos, con una industria más fragmentada, superan ya las 450 bancarrotas, desde Lehman Brothers a bancos con tres oficinas. Y el mundo sigue girando. Otros bancos tendrán problemas en el hipotético caso de que esta crisis siga profundizándose y otros podrán tirar adelante sin ayuda. Lo dijo el FMI, lo dicen las consultoras contratadas para validar la situación, y lo dirán las auditoras. Con 100.000 millones de euros tendremos más que suficiente para tener la banca más rocosa del planeta porque la habremos sometido a todo tipo de pruebas y saneamientos y habremos provisionado hasta la posibilidad de que un meteorito caiga en Seseña el 21 de diciembre en cumplimiento de la profecía maya del fin del mundo. Cerremos de una vez el capítulo de las dudas sobre la banca patria, limpiemos nuestras administraciones, purguemos los pecados, pero, vale ya, miremos hacia el futuro y olvidémonos de las profecías del apocalipsis, del fin del mundo, del riesgo y su prima.
TENEMOS POR delante días de grandes reuniones en las que habrá discursos magníficos y propuestas de cambio. El BCE intervendrá y la prima de riesgo caerá por debajo de 400 puntos básicos. Y si no, tampoco podemos hacer nada. Lo que debemos es evitar a toda costa caer en el pánico, preguntarnos si hay que sacar el dinero del banco o de España, actuar de manera atribulada. Es tremendamente irresponsable transmitir el pánico a nuestra sociedad. Hemos de seguir viviendo, comprando, soñando. Dejemos de mirar la prima de riesgo como el latido de la realidad. El mundo real es mucho más interesante que el matrix financiero. El sábado es la verbena de Sant Joan. Aprovechemos para arrojar a la hoguera los artículos apocalípticos y las declaraciones vacías. Esto no se arregla por mucho manguerazo que dé el BCE. La actividad económica es la que nos da de comer, no el sofisticado mundillo financiero. Hay que evitar a toda costa que el pánico colapse la economía real.
Consultor