Comenzó todo en Cabrianes, en el Bages, donde entonces, con 16 años, Quim Moya pasaba con su familia los fines de semana. «Allí se me abrió un mundo. Éramos un grupo de amigos que en lugar de salir de fiesta organizábamos cosas». Organizar cosas: un concierto. Organizar cosas: un pase de marionetas. Organizar cosas: una obra de teatro. «Para mí fue un despertar. Fue descubrir, lejos de la ciudad, el trabajo en comunidad, voluntario, asociativo. Nos metimos en la asociación de vecinos y desde allí organizamos bastantes cosas». En el grupo había una chica, Eva Quintana. Cabrianes fue capital.
Información publicada en la página 64 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 07 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-De aquellos años... ¿Se acuerda de algo en particular?
-Sí, por supuesto, me acuerdo de la vez que trajimos a Dusminguet a Cabrianes. Eso fue la bomba. Yo lo veo ahora desde la distancia y digo: «¡Pero cómo montamos ese concierto!» Y sí, lo montamos. Supongo que también me sirvió para aprender que cuando uno quiere que pasen cosas, las hace. Por eso tenemos Cal Gras.
-Entiendo. Dígame, ¿cuándo empezaron a hablar de hacer esto?
-Pues en aquella época, cuando teníamos 18 o 19 años. No sé si lo dijo Eva o lo dije yo, pero los dos pensábamos lo mismo: «Hostia, estaría guapo tener un local para hacer esto, poder residir con los artistas...» Mire: el germen, el auténtico germen de hacer un lugar como este, fue lo que en aquella época pudimos ver de los artistas cuando no estaban actuando, o cantando, o lo que fuera que hicieran: una cena después de un concierto, por decir algo. Fue allí donde descubrimos la humanidad, la generosidad de la mayoría de los artistas.
-Lo que me está diciendo es que este es su proyecto vital, ¿no? Lo que, digamos, soñaron y planearon durante años, y ahora han realizado.
-Totalmente. Nos fuimos a vivir juntos a Manresa y empezamos a buscar casa para el proyecto. Ocho años, estuvimos buscando. Yo nunca tuve unos lazos muy fuertes con Barcelona, así que no me fue difícil irme.
-Ocho años... ¿Y en qué estaban metidos, aparte de en la búsqueda de una casa? Porque supongo que...
-Sí, claro. Básicamente, nos implicamos con asociaciones culturales de fuera de Cabrianes, con colectivos de artistas, generando cosas con personas que sentíamos afines a nosotros. Todo eso nos sirvió mucho para poder hacer lo que hacemos ahora.
-Claro. ¿Por qué no me explica lo que es Cal Gras, exactamente?
-Un albergue cultural; lo que en otros países se conoce como residencia de artistas. Un espacio para trabajar. La gente viene aquí a desarrollar sus proyectos musicales, plásticos, teatrales, literarios... Todo lo relacionado con la creación. Pero también puede venir a leer simplemente, ¿sabe? O a terminar una tesis. Una vez, por ejemplo, vino un bibliotecario a ordenar sus papeles. Solo a eso.
-¿Les va bien?
-Hombre, desde el punto de vista vital es un enriquecimiento constante, conocemos todo el tiempo gente creativa, con mentalidades abiertas y muy distintas... Digamos que es lo que queríamos, en lo que veníamos pensando todos estos años. De hecho, hubo un día, el verano pasado, en que nos miramos con Eva y dijimos: «Era esto»; la casa era un hervidero. Pero... ¿Puedo explicarle algo?
-Por supuesto.
-El año pasado estrenamos unas convocatorias. Tenemos una pequeña subvención de la Generalitat que nos permite ofrecer estadías gratis a los artistas. Y uno de los requisitos que pedimos es un mínimo retorno a la comunidad, a la gente de aquí, de Avinyó, a la gente del territorio. Una tertulia, una exposición, un taller... Hemos perdido el interés en que de estas cosas quede un objeto; nos gusta más que quede algo vivo.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo: una vez vino una chica que hacía un proyecto con recetas de cocina, de modo que iba de casa en casa hablando de las recetas con la gente; y otra chica, que hacía fotos de las fotos viejas, y también iba casa por casa, enterándose de la historia de las familias a través de las fotos... Cuanto más implique a la comunidad, mejor. Para nosotros, el mejor momento de todos fue cuando la señora de aquí enfrente, que llevaba dos años diciendo que no le gustaba la música, vino un día a un concierto y en el intermedio se fue emocionada a buscar a su marido. Fue genial.
-¿Están contentos?
-Mucho.
-¿Se están haciendo ricos?
-Ni mucho menos.
-¿Pero es rentable, Cal Gras?
-No, de momento, no. Pero esperamos que lo sea.