El Periódico

Martes, 14 de febrero del 2017 - 23:32 CET

Ahora ya saben cómo se sienten sus rivales. Ahora ya han vivido, en sus propias carnes, lo que es ser humillados por una máquina futbolística. Ahora ya han experimentado qué significa perder por 4-0, como se siente uno cuando, en 90 minutos, pierde el sueño de todo un año. Ahora ya saben lo que es apagar la luz de su mesita de noche, sintiéndose el hombre más ridículo del mundo. El Barça, o lo que se vio de él en el Parque de los Príncipes, donde los reyes hicieron llorar a los niños culés, ya sabe lo que es ser muy inferior al adversario, sentirse impotente. Porque hasta ahora, no habían jugado bien, pero habían competido. Ayer, ni eso.

El Barça, y lo sabe, está eliminado de la Champions. No es este, no, un equipo que sepa agarrarse a la cofradía del clavo ardiendo, no es un equipo que sepa remontar en el minuto 93, no es un equipo capaz de convertir los últimos 90 minutos en una olla a presión, en un ataque y gol imparable, no es este un equipo acostumbrado a parir grandes proezas.

Cierto, se puede pensar: si ellos ganaron 4-0, podemos ganar nosotros 4-0 en el Camp Nou. Pero ¿de qué Barça estamos hablando? ¿De un Barça que solo hemos visto en algunos minutos, en determinados cuartos de hora, de inspiración? ¿Hablamos de ese Barça? Puede, pero es que ese Barça, el Barça total, mágico, el añorado 'dream team', hace ya muchos meses que no existe, que no lo vemos, que no acude a la cita con su fútbol preciosista, eficaz, ofensivo.

PARCHES VERBALES

Era, sí, por qué no recordarlo ahora, aunque sea oportunista, una derrota que se ha estado masticando desde hace meses. Luis Enrique nos decía que los árboles no nos permitían ver el bosque, la posibilidad (y certeza, hasta anoche, claro) de que su equipo podía lograr el triplete. Pero todos, todos, veíamos languidecer el Barça, poco a poco, partido a partido, victoria a victoria (y empates, y derrotas), sentíamos que el equipo, el juego, la ilusión, la magia se iba derritiendo paso a paso, mientras desde el cuadro técnico azulgrana se iban poniendo parches verbales sin, tal vez, tomar las decisiones correctas.

El peor resultado, la más vergonzosa de las derrotas, llega la noche, en el lugar, frente al rival que todo el mundo consideraba ¡ahora sí! el punto de inflexión de la temporada. Y, como única explicación, la de Luis Enrique: «Esto es fútbol. Han sido mejores. Y punto. El responsable soy yo, no busquéis cositas». Y cortó a Jordi Grau, el periodista de TV-3, que estaba preguntándole lo que se preguntaban los culés, con un desplante impropio del entrenador del Barça. Con psicólogo, incluido. Su desplante sonó a despedida. Lo deja. Fijo que lo deja.

No le asusta tener que ganarse la titularidad, pero tampoco quiere aburrirse en el banquillo