El Periódico

Al contrataque

Jordi Évole

Periodista

En un mitin de Le Pen

@jordievole

¿Qué se habrá hecho mal para que esa gente que es como tu vecino o como tu tío haya acumulado tanto odio hacia el que "no es de casa"?

En un mitin de Le Pen

AFP / JEAN-FRANCOIS MONIER

Marine Le Pen, en un mitin electoral.

Domingo, 26 de marzo del 2017 - 18:55 CEST

«¿Estás bien?». Con este mensaje me desperté el sábado pasado. Era de un amigo. Él lo único que sabía es que yo andaba por Francia y que tenía que coger un avión. No sabía si exactamente estaba en París, ni si el aeropuerto era el de Orly. Pero vio un 'breaking news': «París en alerta: abatido un hombre en el aeropuerto de Orly tras herir a una agente en un control». En ese «¿cómo estás?» se resume el acojone global en el que vivimos. En realidad, no estábamos en París. Andábamos por el norte de Francia, a punto de asistir a un mitin de Marine Le Pen, en Metz, lugar que solo me sonaba por una derrota histórica del Barça en los 80, cuando jugábamos la Recopa.

A un mitin de Le Pen es bueno que llegues con tiempo. Las medidas de seguridad son extraordinarias. Así que tres horas antes ya estábamos en el pabellón. Cacheos. Arcos detectores de metales. Perros olfateando bolsos. Entramos los primeros, mientras aún colocaban banderas francesas en cada asiento. Colas enormes antes de abrirse las puertas. La sorpresa llegó cuando se abrieron: no vi entre los asistentes a gente con tridente y cola, como a veces nos han pintado a los votantes de Le Pen (o de Trump).

Vi adorables ancianas, modélicas familias y hasta algún joven 'hipster'. La organización nos hizo esperar a Marine al ritmo del 'Bolero' de Ravel. Supongo que la pieza está libre de derechos de autor y eso pudo ser el motivo de esta elección musical, y así te evitas los problemas de Trump con Adele, Neil Young o los Rolling. Hacía tiempo que no iba a un mitin. Pero la parafernalia no me pareció muy distinta a la de los grandes partidos españoles: mucho foco sigueindo al líder, música gradilocuente a su entrada, escenario de pabellón de ferias y congresos, un telonero breve y ni un logo del partido del candidato.

ODIO ACUMULADO

Lo que sí que es diferente es con qué se vuelven locos los seguidores del Frente Nacional. Ni el programa social ni las promesas económicas. Las adorables ancianas y las modélicas familias enloquecían cada vez que Marine hacía referencias no muy cariñosas a los extranjeros, a los inmigrantes o a los refugiados. ¿Qué se habrá hecho mal para que esa gente que es como tu vecino, como tu tío, o como tu cuñado hayan acumulado tanto odio hacia el que «no es de casa»? El eslogan más coreado fue el tristemente célebre «‘On est chez nous!’» (Esta es nuestra casa), que incluso ha dado nombre a una película que no ha gustado mucho a los dirigentes del Frente Nacional.

Con este panorama, pasar la noche en Metz se nos hacía muy cuesta arriba, así que pillamos un tren hasta París. Allí dormimos en casa del amigo Lucio. Tras asistir a un mitin donde las palabras más repetidas fueron «Francia» y «fronteras», nos esperaba una casa con las puertas abiertas, donde no hay ni que llamar al timbre para entrar, en pleno centro de París. Y nadie nos gritó «‘On est chez nous!’»

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