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Mireia Nieto: «Puedes cargarle a un ancestro lo que no te guste de ti»

Una 'Sherlock Holmes¿ doméstica. Busca en los árboles genealógicos pistas que expliquen nuestra manera de ser.

Una 'Sherlock Holmes' doméstica. Busca en los árboles genealógicos pistas que expliquen nuestra manera de ser.

Sábado, 16 de marzo del 2013

La bisabuela Ramona solía matar las horas sentada en su mecedora, observando el trasiego del barrio del Baix Guinardó a través del mismo balcón que, cien años después, ilumina el salón donde su bisnieta Mireia pasa horas reconstruyendo el árbol genealógico familiar.

-¿Por qué necesita saber lo que hizo o dejó de hacer su bisabuela?

-Yo tenía una relación muy especial con mi abuelo Paco, El Samarreta, como le llamaban. Vivía en esta misma casa con mi abuela y nos veíamos cada día: me iba a buscar a la escuela, me llevaba a coger piñones al hospital de Sant Pau y los picábamos en el balcón. Era un abuelo entrañable. Al morir mis abuelos y quedarme yo esta casa, sentí la necesidad de descubrir más cosas de su vida.

-Y así nació Mireia Holmes.

-De hecho, de pequeña quería ser investigador privado. Hace poco encontré la grabación en casete de una entrevista que le hicimos a mi abuelo mi hermana y yo. Volver a escuchar su voz fue muy emotivo.

-La historia oral ha sido tradicionalmente despreciada.

-Pues es mucho más interesante que los documentos oficiales. Yo empecé a investigar hace dos años, preguntando a mis padres, pero rápidamente me estanqué porque no tenían más datos.

-En este punto se abandonan la mayoría de conatos genealógicos.

-En mi caso seguí haciendo tours entre familiares y vecinos de toda la vida. Iba a verles con una libreta y lo apuntaba todo. He recorrido pueblos, ciudades y barrios y nos hemos emocionado compartiendo historias y fotos con familiares lejanos. También visito hemerotecas, parroquias, cementerios y registros para encontrar partidas de nacimiento, de defunción, copias de testamentos y otros documentos que utilizo para ratificar lo que me cuentan.

-¿Hasta dónde llega su árbol?

-Hasta los tatarabuelos. Más que coleccionar antepasados, me gusta encontrar descendientes porque ellos conocieron a mis abuelos y lo que me pueden contar tiene mucho más valor que un papel oficial. Por ejemplo, ahora sé que mi abuelo Eleuterio era muy de charlar con todo el mundo, como mi padre, como yo y como mi hija mayor. De esto no hablan los papeles. Tuve que viajar hasta Segovia para que me lo contara un primo segundo de mi abuelo.

-También hay secretos de familia de los que nadie quiere hablar.

-En todas las familias hay secretos que se quieren tapar, pero siempre quedan pistas por seguir. Es muy respetable que alguien no quiera hablar de ello, aunque yo creo que hacer memoria juntos y poner ciertas cosas en común va bien para todos.

-¿Por ejemplo?

-Mi bisabuela tuvo nueve hijos pero uno de ellos era como si no existiera. Busqué en los índices de nacimientos de Barcelona de aquellos años y la encontré. Se llamaba Tomasa, nació el 25 de septiembre de 1921 y murió poco después. Cada vez que consigo ponerles nombre a personas que anduvieron alguna vez por aquí y de las que nadie se acuerda pienso que les hago un homenaje. Darle un espacio en el árbol genealógico a la Tomasa y que toda la familia sepa que existió y conozca los detalles es positivo para todos.

-Empezó con una libreta y un boli. ¿Ahora qué lleva en sus pesquisas?

-Una maleta de ruedas donde caben, además de libretas y bolis, ordenador, escáner, cámara, móvil, pañuelos -soy de lágrima fácil- y pastas dulces como muestra de gratitud.

-Sí que se ha profesionalizado...

-Llevo el blog tataranietos.com y hago árboles genealógicos para otras personas, pero creo que es un trabajo que tiene que hacer uno mismo. Yo puedo ayudar a encontrar documentos y a guiar la investigación, pero el trabajo de ir a hablar con los familiares hay que vivirlo.

-¿Todo esto para qué sirve?

-Yo ahora me siento más conectada, me conozco más a mí misma y entiendo más a mis padres. Hay muchas cosas de nuestra personalidad que no son nuestras y las respuestas a ciertos comportamientos tuyos que no te gustan se pueden encontrar en el árbol genealógico. ¡Siempre puedes cargarle a un ancestro lo que no te guste de ti!

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