¿Nos acercamos al apocalipsis o es que ya estamos instalados en él? Mientras tanto, mientras escribo, hay una chica que dice a un chico: «El mundo se hunde y nosotros nos enamoramos». Lo ha oído en una película o quizá alguien lo ha escrito en el muro del Facebook que ella consulta. Le ha gustado y ahora se lo dice. Y el chico le contesta (es un cinéfilo, o piensa que lo es): «Los alemanes iban de gris y tú llevabas un vestido azul». Quiero decir que la historia se repite y, de una forma u otra, en circunstancias diferentes pero con el mismo escenario donde se formula la hipótesis del amor, hay un mundo que tiembla y unos adolescentes que no hacen caso del temblor o que acompasan el temblor (es lo que toca, también lo dicen en el cine) al latir de sus corazones.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 15 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Esta circunstancia sentimental, menor, que forma parte de las conciencias y las epidermis individuales y que no interviene en las fluctuaciones de la bolsa, hace creer en algo que tenga sentido más allá de los mercados. Lo que nos tenía que salvar es un veneno de efectos letales, mientras el desconcierto no solo invade el mundo de las finanzas sino la vida de cada día de todos. Pero aún hay quien se enamora y se desenamora, y hay quienes renuncian a sus sueños o los alimentan aún más, y están también los que pasean por una rambla y comen un helado, y juegan con los niños que viven ajenos a los escombros que se acumulan, al polvo del desbarajuste y la tristeza.