El Periódico

Dos miradas

La reflexión de Streep contra Trump no habla de política sino de dignidad y es aquí donde se convierte en andanada, en desgarro que daña el vestido del brillo vacío

Desgarro

REUTERS

 Meryl Streep, durante el discurso de aceptación del premio Cecil B. DeMille.

Martes, 10 de enero del 2017 - 13:56 CET

Meryl Streep, al recibir el premio Cecil B. DeMille, nos ha ofrecido un discurso que ha tenido mucho eco y que es una variante inteligente de los discursos combativos de los actores cuando se convierten en portavoces ideológicos. Es curiosa, esta deriva del intérprete, la necesidad que tienen de convertirse no solo en referentes estéticos sino en faros morales. En las galas –en la mayoría, al menos– el espacio destinado a la crítica ya forma parte del guion, porque todos esperamos que el actor o la actriz se defina y critique y ponga contra las cuerdas, por lo menos metafóricas, al poder establecido, mientras brama contra la injusticia.

Pero Meryl Streep ha triunfado en las redes porque, más allá del papel que corresponde a quien recibe el premio y se expresa políticamente, ha sabido enfocar la crítica a Trump desde una perspectiva ética y no estrictamente partidista. La fuerza de su discurso es que ha comparado la actuación del actor (falsa, por definición, pero honesta) con la actuación del futuro presidente (auténtica y, por tanto, temible, porque «era la vida real»). La actriz galardonada nos ha hablado de la pulsión histriónica del Trump que escarnece y humilla y que transmite el instinto del poderoso al tejido social, al cuerpo de la sociedad que pierde músculo moral porque acaba creyendo que todo está permitido. La reflexión de Streep no habla de política sino de dignidad y es aquí donde se convierte en andanada, en desgarro que daña el vestido del brillo vacío.