ÚLTIMA HORA Nadal derrota a Berdych (6-2, 6-4) y jugará la final de Roma
En vísperas de la visita de Merkel a esta España arruinada, lo más granado del carajillo party retoma su misión histórica de reinstaurar la patria eterna, una y grande que la Constitución vigente permitió superar, ante las expectativas de un éxito electoral de los aberzales vascos y el auge soberanista catalán cara el Onze de Setembre.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 06 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los tambores de guerra suenan con El Mundo y La Gaceta alzándose en una cruzada contra el Gobierno de Rajoy por el caso Bolinaga, el etarra desahuciado. Suenan con Jiménez Losantos proclamando en Esradio que «al votante del PP le da arcadas ver al ministro Fernández Díaz» por ello. Suenan con el coronel Alamán Castro (Alertadigital.es) amenazando con la intervención militar en Catalunya y retando al «terrorista o íntimo de terroristas» Joan Tardà a no huir en ese caso. Y suenan con Alfonso Ussía (La Razón) despotricando de las autonomías, de Catalunya y Euskadi, del Constitucional, de «una oposición, desleal y antidemocrática (...) y un Gobierno pusilánime, acomplejado y a todas luces ineficaz», para rematar: «Tenemos a nuestros soldados en Afganistán y en el Líbano, allá donde son enviados, cumpliendo con un espíritu insuperable, cuando en realidad nos harían falta en Guipúzcoa. Y eso es lo que quería decir y nadie se atreve. Ya hemos cumplido con Afganistán. Vamos a cumplir con España, y a ver qué tal».
Como escribía Raúl del Pozo (El Mundo), el problema no es la ruina («España quebró tres veces durante el reinado de Felipe II y 13 más a lo largo de la historia») sino «el desafío de vascos y catalanes aprovechando la debilidad del Reino de España para intentar ser dos nuevos estados de Europa. (...) Cuando manda una derecha mansa que está engendrando una derecha-derecha a su derecha, la verdadera oposición al Gobierno (...) hay españoles que aún consideran enemigos a las matemáticas, los ateos y los catalanes, como antes de llegar la democracia». XAVIER CAMPRECIÓS