Después de múltiples cábalas, incertidumbre y apuestas, el desenlace de las elecciones presidenciales de Venezuela no ha tenido el tono épico con que se desarrolló la campaña: ni el escrutinio fue complicado, ni los resultados que iban llegando al Consejo Nacional Electoral (CNE) fueron ajustados. Así las cosas, no hubo noche de infarto a pesar de las predicciones realizadas por prestigiosos comentaristas durante la recta final de la campaña. Todo lo contrario, sobre las 10 de la noche del domingo, con un poco más del 90% del voto escrutado, los resultados eran claros: Hugo Chávez Frías volvía a ganar una vez más la elección a la presidencia de la República. Esta vez lo hacía con un 54,9% del voto frente al 44,4% que obtuvo el joven candidato Henrique Capriles Radonski, quien lideraba una coalición de casi una veintena de partidos llamada Mesa de la Unidad Democrática.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 09 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Con todo, la del 7 de octubre no fue una noche electoral cualquiera. A pesar de que los datos parecen señalar que lo acontecido en Venezuela es más de lo mismo, hay tres elementos que deben señalarse y que, probablemente, supongan notables cambios en la dinámica electoral venezolana en un futuro próximo. El primero de ellos es que hubo una participación récord: más del 80% de los ciudadanos con derecho a votar salieron de su casa para acudir a las urnas porque pensaron que su voto era útil y necesario. El segundo es la naturaleza de la candidatura y del candidato de oposición: se trataba de una candidatura unitaria, con una retórica moderada y con un aspirante joven que al saber los resultados electorales inmediatamente reconoció y aceptó su derrota y señaló que continuaría abanderando la oposición. Y el tercer elemento es el delicado estado de salud de Chávez y la incógnita de si podrá culminar (o no) el mandato presidencial de seis años que acaba de revalidar.
¿Qué añaden estos tres elementos al escenario político venezolano? La verdad es que bastantes cosas, ya que estos comicios solamente han sido los primeros de un largo ciclo que continuará con las elecciones de los gobernadores de los estados (el 16 de diciembre) y con las de alcaldes (el 14 de abril del 2013). Así, la campaña electoral no terminó con las elecciones del domingo, sino que va a continuar durante más de medio año. Es en esta clave en la que cabe interpretar la importante movilización ciudadana a la hora de votar, la capacidad de la oposición de mantenerse unida y articulada frente a un candidato con proyección de futuro y el discurso conciliador de Capriles la misma noche electoral. Todo ello en un contexto en el que nadie sabe si Chávez podrá ejercer de forma efectiva su mandato ni, en el caso de que no pueda, si existe un sucesor.
A raíz de ello es posible exponer que hoy se abre en Venezuela un nuevo ciclo en el que, a diferencia de hace unos años, los ciudadanos contrarios a Chávez no son solamente los miembros de una clase media conservadora y nostálgica del anterior statu quo, sino una amplia y heterogénea coalición difícil de estigmatizar y en la que hay antiguos aliados del chavismo como los miembros de la formación Patria Para Todos (PTT), que hoy cuenta con seis diputados en la Asamblea Nacional. Además, la oposición ha entendido que la vida política en Venezuela no se termina en la campaña presidencial, sino que la batalla electoral debe librarse en todos y cada uno de los espacios institucionales existentes, desde el mundo local y regional a las cámaras legislativas de cada uno de los diferentes niveles de gobierno. Y la misma oposición ha anunciado que, en caso de conquistar el poder, va a mantener las famosas misiones, es decir, que no va a desmantelar los programas sociales destinados a los colectivos más desfavorecidos, sino que -asegura- los va a mejorar, ampliar y hacerlos más transparentes.
De lo expuesto cabe preguntarse qué puede cambiar realmente en los próximos meses y años en Venezuela. No es fácil responder, pero pueden señalarse algunas lógicas sociales y políticas novedosas. La primera es la transversalidad de la oposición, tanto a nivel ideológico como socioeconómico. En este sentido, es preciso apuntar que no solo hay exchavistas en la oposición, sino también una parte significativa de votantes de origen muy humilde, pues estos son los que padecen con mayor intensidad los rigores de la crisis y la terrible amenaza de la seguridad ciudadana. Por otro lado, el chavismo empieza a ser consciente de que deberá presentar pronto un proyecto político que trascienda a Chávez, y eso inevitablemente significa más institución y menos carisma.
Profesor de la Universidad de Salamanca y miembro del CIDOB.