Josep Maria Espinàs
Periodista y escritor
Entre las noticias del día aparece la que presenta este titular: Un ataque suicida en el centro de Damasco causa once muertos. He escrito noticia pero ya no sé si lo es, porque esta palabra transmite, popularmente, la idea de novedad. De información no prevista. Cuando un hecho se repite a menudo ya no decimos que es noticia. El caso es que se ha producido un ataque suicida en Damasco, y podríamos decir: «otro». El suicidio individual tiene una tradición en la historia y por motivos muy diversos. Existe el que se considera -yo creo que erróneamente- heroísmo, cuando un grupo de soldados se da muerte para no caer en manos del enemigo más poderoso. También ha habido suicidios colectivos de carácter ritual. Se han suicidado escritores románticos, amantes rechazados, tanto en la vida real como en la literatura. Pero cuando se habla de alguien, o de un grupo de personas, que han disparado a traición contra gente desprevenida, que no iban armados ni pretendían luchar, que salían de una iglesia o un espectáculo o se paseaban pacíficamente por un mercado, la expresión ataque suicida me resulta muy incómoda. Es evidente que los que han hecho explotar una bomba entre una multitud inocente o han ametrallado a un grupo de estudiantes han decidido que su acción suponía en la mayoría de los casos una voluntad de suicidio. Sabían que no saldrían vivos de su acción, y aceptaban la próxima muerte. Incluso llevaban explosivos adosados al cuerpo. Pero a mí me cuesta aceptar que el titular periodístico sea «un atentado suicida» en vez de «un asesinato masivo». Sobre todo cuando no se ha puesto una bomba en un monumento, sino que, premeditadamente, se ha querido matar a docenas de personas. Y no importaba la matanza humana. Me pueden decir que «ya nos entendemos». Sí, claro, ya nos entendemos. Pero pienso que quizá no deberían marginarse las palabras premeditación y alevosía. Son dos palabras que definen la actuación de quien ha provocado la matanza. Que el criminal muera a consecuencia de su acción es una información de letra pequeña, por decirlo así.
Información publicada en la página 14 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 06 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Por otra parte, yo tengo un gran respeto por quien toma la trágica decisión de suicidarse. Por su angustia personal. Porque no ha sabido, o no ha podido, sobrevivir a una situación vital. Quien hace explotar una bomba para matar gente no es prioritariamente un suicida. Es por encima de todo -y esta es la palabra básica que tienen derecho a exigir las víctimas- un asesino.