Mauricio Bernal
Periodista
Tener un título de campeona del mundo y media docena de títulos nacionales y ser, sin embargo, una desconocida, y estar en el paro, y tener una hipoteca, y algún problema para llegar a fin de mes, pero eso sí, una habitación repleta de trofeos, y levantarse cada día para llevar a la niña al colegio y luego volver y recoger la casa, y luego cocinar, y un par de tardes a la semana seguir entrenando porque hay que seguir compitiendo, acumulando títulos, aunque muy pocos te conozcan, aunque seas una anónima campeona mundial. Ser buena, magnífica, en algo que no llena estadios. La petanca.
Información publicada en la página 84 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 16 de diciembre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
-Cuénteme qué trabajo desempeñaba, por favor. Y qué fue lo que pasó. Por qué se quedó en el paro.
-Mire, los últimos 15 años trabajé en una empresa de márketing y artes gráficas, y pasó que las cosas empezaron a ir mal, y empezaron a atrasarse con el pago de la nómina. Y en fin, que cuando la situación se hizo insostenible yo opté por denunciar.
-¿Qué hacía?
-Era manipuladora. Fue un trabajo que conseguí a los 23 años. Antes era peluquera, pero para poder casarme necesitaba un trabajo con el que ganar más dinero, y me decidí por ese.
-¿Peluquera?
-Sí. A mí lo de estudiar nunca se me dio bien, así que cuando llegó el momento de decidir qué haría tan solo pensé: «Me gusta peinar, voy a hacer peluquería». Así que me matriculé en una academia, me formé, me saqué el título y me puse a trabajar.
-¿Era la peluquera que jugaba a la petanca?
-Pues sí, ya entonces había participado en un Campeonato de España y había quedado cuarta. Pero lo de la peluquería fue breve. Empecé como aprendiza en Badalona, me acuerdo, en la Peluquería Francisco, que era una de estas peluquerías pequeñas, de barrio. Luego me fui a Barcelona, a una peluquería que se llamaba Espejos, que quedaba en Sarrià, y luego volví a Badalona, a la Peluquería Conchita Perea. Y ya. Eso fue todo.
-Explíqueme por qué se interesó en la petanca, por favor. Cómo empezó. Ese tipo de cosas.
-Tenía 9 años cuando empecé. Mi madre iba a un centro deportivo, el Club de Petanca el Hogar, en Badalona, y la acompañábamos todos, mi padre, mis dos hermanos y yo. Y bueno, ya sabe, eres una cría, tiras cuatro bolitas... Así empecé. Me gustó y a los 12 años me federé. Estuve en varios clubs, pero acabé aquí, en el de Santa Coloma, que fue donde empecé a ganar los primeros títulos de Catalunya. Y poco a poco le cogí el gusto a lo de ganar, así que entrenaba más para seguir ganando.
-¿Se puso objetivos? Quiero decir: «Ahora voy a ganar el campeonato de Catalunya; ahora el campeonato de España; ahora el Mundial...»
-No, eso nunca lo he hecho. Solo pensaba en entrenarme y en jugar mejor, y en competir mejor. A partir de ahí, si ganaba, pues tanto mejor.
-Deber ser... No sé cómo decirlo. Raro, ¿no? Debe ser raro tener un talento y ser muy buena en algo y lograr un título mundial... Y tener que trabajar en una peluquería, ¿no?
-Es un poco triste, sí. No es que yo lo haga por dinero, ya lo ve, tengo 38 años y sigo jugando, y compitiendo, y lo hago sobre todo porque me gusta, pero ¿sabe cuánto me dieron por el título mundial? 3.500 euros. Es de risa, ¿no? Comparado con otros campeonatos del mundo, es de risa. Y no te los dan los organizadores, no, eso fue un dinero que me dio el Consejo Superior de Deportes. Desde luego, es imposible vivir de esto. En otros países, sí: en Francia, por ejemplo, ahí está mucho más organizado.
-Al menos tendrá muchos trofeos.
-Ah, eso sí. Tengo una habitación llena de trofeos, unos 200, por lo menos. Están todos los de los campeonatos de España que he ganado, bueno, que hemos ganado, porque es por equipos, y los que gané cuando era pequeña, y cuando era más joven... En fin, un montón. De vez en cuando regalo alguno en un cámping de Malgrat al que vamos, para que puedan premiar a los niños.
-Aún cobra el paro, ¿no? Quiero decir, no se le ha acabado.
-Sí, aún lo estoy cobrando. Y esperando que la empresa donde estaba me pague lo que me debe: hay una sentencia de hace dos años y aún no me dan el dinero. En fin, ya lo ve, tengo los problemas de todo el mundo.
-¿En qué trabaja su marido?
-Trabaja en el servicio de limpieza de Barcelona.
-¿Van muy justos?
-Bueno, tenemos una hipoteca, una hija de 3 años... Sí, vamos justos, achuchados, esa es la verdad.