Mauricio Bernal
Periodista
-Me levanto a las seis. Cojo el equipo, me subo al taxi y me voy.
Información publicada en la página 72 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 12 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Y después?
-Me detengo en un área de servicio a tomar café. Café con leche y cruasán. Normal. Un desayuno normal.
-¿Y después?
-Después conduzco sin parar hasta Torroella de Montgrí, que es donde está la sede del club. Se llama Quim's, por el dueño. Cu, u, i, eme.
-¿Y después?
-Pues allí mismo, en Torroella, miramos la previsión del tiempo, porque según como esté el tiempo no nos sumergimos en ciertos lugares.
-¿Y después?
-Y después nos vamos a L'Estartit, que está al lado y que es donde buceamos. Para ser precisos, buceamos en toda la costa del Montgrí. Pero de donde salimos es de L'Estartit.
-¿Y después?
-Y después, pues eso: buceamos.
Pero Manuel López no es buceador; no profesional, al menos. Es taxista. Vive en Barcelona -en Collblanc- está casado y tiene dos hijos. Su rutina es eso, rutina, de lunes a miércoles y de viernes a domingo, pero cuando llega el jueves... ¡Ah! Cuando llega el jueves, Manuel bucea. Cuando llega el jueves, el mundo se detiene. Se levanta a las seis, se arregla, coge el equipo y conduce hasta Torroella. Y luego a L'Estartit. Y una vez allí se sumerge. Y durante una hora, más o menos, Manuel es otro. Así de simple.
-Voy a decírselo con un lugar común. El buceo. Le da vida, ¿no?
-El buceo y mi familia, claro.
-Quiero decir: cuando está en el taxi. ¿A veces está en el taxi y también está buceando? No sé si me ent...
-Todo el tiempo.
-¿Ah, sí?
-Constantemente. Jueves a jueves pienso en eso mientras conduzco, recordando por dónde nos metimos la última vez y qué vimos y qué descubrimos, todo. Para mí esa ilusión, la del siguiente jueves, la de ir a bucear, esa ilusión, es la que me ayuda a aguantar, saber que voy a ir a bucear, que el siguiente jueves voy a estar abajo, en el mar… Sí: me da vida.
-Me lo imagino los jueves, contándole a la familia la inmersión del día.
-Por supuesto. Llego a casa y la primera pregunta es: 'Papa, ¿qué has visto?'. Y yo: 'Pues he visto coral de tantos centímetros'. O: 'He visto langostas y bogavantes'. O: 'He visto un pez luna'. Sí. Les cuento mis batallitas.
-¿Cuándo empezó a bucear?
-Hace más de 20 años. Tengo 44… Pues desde los 16, más o menos.
-¿Se ha puesto en peligro?
-Una vez. Una sola vez.
-Cuénteme.
-Pues fue en La Pedrosa, que es una cueva donde hace unos años se mataron un par de buceadores, unos turistas. Allí, a 18 metros de profundidad, hay una entrada amplia. Te metes por ahí y a 50 metros se abre un agujero y hay un pasillo de 10 metros estrecho, muy estrecho, por el que solo cabe un buceador. Bueno, pues al final del pasillo hay una pequeña cueva que está repleta de langostas. Muy pequeña. Y dentro hay unas 70, 80 langostas. Bueno, pues lo que pasó es que cuando ya estaba saliendo, por el pasillo pequeño, la grifería se enganchó. En una roca.
-Vaya. ¿Y después? ¿Qué pasó?
-Éramos un grupo. Los que venían detrás no podían salir de la cueva porque yo la estaba bloqueando, y los demás no podían ayudar porque el lugar era estrecho. Total, que me saqué el chaleco y la botella, y me aparté un metro, todo lo que daba el cable del regulador. Me giré un poco, busqué la grifería y la desenganché.
-¿Y después?
-Después ya pude salir, pero aunque parezca algo menor lo que importa es que estaba en un espacio muy estrecho, con gente que venía detrás y que no sabía lo que pasaba, lo cual ahí abajo produce mucha angustia. Y el tiempo, además, el tiempo que duró todo, unos cinco o seis minutos que allá son una eternidad. Afortunadamente, al final fue solo el susto.
-Caramba. ¿Y después?