Veronica Fumanal Callau
Directora de Politikom
El planteamiento de estas próximas elecciones como un plebiscito está haciendo que todos los partidos políticos construyan relatos y posicionamientos más o menos definidos en torno a la posibilidad de que Catalunya se independice. En este sentido, la estrategia comunicativa del PP está intentando satisfacer los diferentes grados de oposición a la independencia de Cataluña, desde la más pasional a la más racional.
Alicia Sánchez-Camacho, durante el último debate de política general en el Parlament. Albert Bertran
Los diferentes acuerdos parlamentarios entre CiU y el PP catalán habían obligado a este último durante los dos años de legislatura a focalizar sus mensajes en el eje económico, en detrimento de sus posicionamientos en el eje identitario. Sin embargo, la irrupción en el escenario político de la ola independentista ha obligado a todas las fuerzas a relegar a un segundo plano las cuestiones económicas, para priorizar los mensajes del eje nacionalista.
No es casualidad que durante esta última semana hayan sido dos ministros del PP desde el Congreso de los Diputados, Wert con su idea de "españolizar a los alumnos catalanes", y García-Margallo comparando el nazismo y marxismo con el nacionalismo, los que hayan protagonizado la nueva estrategia beligerante contra el nacionalismo, mientras Alicia Sánchez-Camacho se mantiene en un discreto segundo plano. El PPC ha optado por una doble estrategia comunicativa que, por un lado, satisfaga a los votantes más moderados, sin olvidar a sus votantes en el resto de España que observan los acontecimientos en Catalunya con estupor.
Las tendencias en comunicación política teorizan sobre la importancia de adaptar el mensaje a los diferentes 'targets' o públicos objetivos. Sin embargo, esta doble estrategia del PP no consigue el objetivo de modular el mensaje en función de la audiencia sino que lo radicaliza en Madrid y se intenta minimizar desde el PP catalán.
Durante las próximas semanas se acabaran de definir las diferentes estrategias electorales y el PP de Sánchez-Camacho deberá decidir si apuesta por un mensaje de confrontación beligerante del tipo wertista o si continúa delegando el papel de malo a los ministros de Rajoy.