Joan Ollé
Periodista
¿Quiero independizarme de España? Pues, la verdad, déjenmelo pensar. Lo que tengo por seguro es que me encantaría independizarme de las cuestiones complejísimas que exigen respuesta inmediata, entusiasta y sin matices. No, no querría tener nada que ver con aquella machadiana España que desprecia cuanto ignora, pero me apetecería también emanciparme del absolutista catalán que señala a todos los españoles y todo lo español como paradigma de todos sus males, ignorando que la palabra pueblo está compuesta de muchos pueblos distintos, y estos, de personas perfectamente únicas.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 22 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«A solas, soy alguien, entiendo a los otros. Lo que existe fuera, dentro de mí doblo. A solas, soy alguien. En la calle, nadie». No, no quiero independizarme de estas palabras de Gabriel Celaya ni de las que escribieron Machado, Lorca, Hernández... Pero sí de quienes niegan a Vázquez Montalbán, Goytisolo o Gil de Biedma haber sido y ser grandes nombres de la cultura catalana.
No quiero independizarme del álgebra de José Tomás, de los martinetes del Camarón, de las jotas de Labordeta ni del bombín de Sabina, pero sí poner tierra por medio con algunos artistas e intelectuales del Foro, viejos amigos íntimos de Catalunya que, al ver amenazado su mercado peninsular por este vínculo, decidieron lavarse las manos que antes nos habían ofrecido.
Quiero, porque no creo en orígenes divinos, independizarme de la Monarquía borbónica, de Rouco Varela y de unos cuantos voceros radiofónicos profesionales de la distorsión y la mentira, así como de una televisión pública más pensada para el entretenimiento vacuo que para la mejor realización de los ciudadanos. Pero me preocupa seriamente que, una vez rotos, no nos dé por adoptar los gestos del adversario y nuestras pantallas se llenen de gracejo local y «¡mecachis, qué guapos somos!». Ya estamos en camino. ¿De quién reirían algunos sin España?
Quiero independizarme también de una vez por todas de los malvados patriotas que usan las banderas como trapos bajo los que esconder sus trapos sucios, para así enriquecerse y enriquecer ilegalmente a otros patriotas por el mero hecho de serlo. Y de los presidentes de clubs de fútbol que aseguran que el suyo irá hacia donde vaya la mayoría de los catalanes, confundiendo público con pueblo y olvidando que sus socios representan solo una mínima parte del electorado catalán.
No quiero independizarme de la buena gente, de mi gente, que, harta de humillaciones por parte de unos y otros, sonríe feliz e inocente al escuchar la promesa de una poquita luz al final del túnel: ojalá no sean los faros del tren que se dispone a arrollarnos.