El Periódico

Al contrataque

Antonio Franco

Periodista

Los que no se acuerdan de nada

¿Son tontainas o los tontainas somos nosotros, que ni siquiera tiramos cojines contra las teles que nos traen sus jetas hasta el comedor de casa?

Los que no se acuerdan de nada

DAVID CASTRO

Mireia Pujol, hija del expresidente de la Generalitat Jordi Pujol, a su llegada a la Audiencia Nacional.

Jueves, 30 de marzo del 2017 - 17:17 CEST

Creo que tiene Usted suerte. Y si no es eso, quizá es que tuvo la virtud de ser perspicaz cuando seleccionó personas para su entorno. O quizá haya una tercera cosa: tal vez ha sido hábil cuando a través del roce cotidiano ayudó a que se fueran educando sus familiares directos y sus conocidos.

Me refiero a que a Usted no le rodean personas tan tontas, sosas, imprudentes y olvidadizas como las que, por lo que vemos en la televisión y los periódicos, viven junto a mucha gente que se ha hecho famosa. Me atrevo a decirlo pese a que no le conozco. Estoy seguro de que tiene la impresión de que la gente de su entorno es humanamente más valiosa, despierta y normal, en el mejor sentido de la palabra, que la que acompaña a los delincuentes (demostrados o presuntos, con sentencias en firme o todavía pendientes de apelación) que ahora tienen notoriedad. Porque no pueden ser como ellos.

MEMORIA CAPRICHOSA

Ellos son penosos. Algunos tienen alta cualificación profesional y salarios espectaculares, pero delante del juez parece que ni siquiera saben sumar. Otros están convencidos de que muchas cosas materialmente valiosas que no eran suyas –dinero en efectivo, tarjetas de crédito, regalos, fiestas particulares para sus niños, viajes privados– les llovieron del cielo por su bella cara. Todos se proclaman inocentes de actuaciones de las que, por otra parte, habitualmente no se acuerdan de nada, salvo en el caso de que hayan hecho un pacto con la fiscalía...

Nos demuestran que la memoria es caprichosa. Esta semana una hija de Jordi Pujol decía que no sabía quién administraba su dinero escondido ilegalmente en Andorra y que de lo único que se acordaba –de eso sí– era de que no podía enviarlo a España. Era una plebeya en línea con la princesa que, por amor, ni siquiera leía los documentos que le ponían por delante. O con la esperanzadora presidenta autonómica que lo único que sabe o recuerda es que ella es inocente. En esos casos son señoras que les hacen el juego precisamente a quienes están contra las señoras. En otros, son contables que ni siquiera sabían para quién contaban. ¿Son tontainas o los tontainas somos nosotros, que ni siquiera tiramos cojines contra las teles que nos traen sus jetas hasta el comedor de casa?

«Yo me fiaba», «nos habíamos repartido las tareas y yo bañaba a los niños», «eso no podrá demostrarse nunca», «las comisiones de hecho son normales en este sector»... Como decía al principio, afortunadamente la gente que le rodea a Usted no es así. A Usted le toca pagar los platos rotos y las vajillas robadas, pero por lo menos la gente que le rodea merece que la mire a los ojos.