Miles de usuarios del servicio de Rodalies de Renfe sufrieron ayer por la mañana retrasos de cerca de media hora en cuatro líneas, al reproducirse diversas acciones reivindicativas de los empleados. El lunes pasado, tanto los trabajadores de Renfe como de los otros tres grandes operadores del transporte público catalán --metro, autobuses y Ferrocarrils de la Generalitat-- llevaron a cabo una huelga, cuyo impacto sobre la normalidad de la circulación de los ciudadanos quedó limitada a algunos atascos en las vías de acceso a Barcelona gracias a la amplitud de los servicios mínimos.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 20 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La protesta del lunes estaba anunciada. Pero no los retrasos provocados ayer, por lo que los ciudadanos se toparon con una impuntualidad imprevista e inmerecida. Al día siguiente de la huelga, los sindicatos con representación en el sector ferroviario aceptaron negociar con el Ministerio de Fomento sobre el proceso de liberalización de Renfe, que culminará probablemente con la privatización parcial del servicio dentro de un año. Los representantes de los trabajadores informaron de que no convocarían «de momento» nuevos paros, una afirmación que ayer quedó desmentida de hecho al menos en Catalunya. Los empleados del sector tienen todo el derecho a defender su puesto de trabajo, pero deben ser conscientes de que los mayores perjudicados por sus acciones de protesta no son las administraciones, sino los usuarios, en su mayoría también asalariados y tanto o más castigados por la crisis que ellos.