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Docente y poeta. Llegó de Argentina hace 16 años. Profesora de secundaria y de escritura creativa.

Nora Almada: «De los catalanes me maravilla la sobriedad»

Viernes, 17 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
OLGA MERINO

Arquitecta de formación y apasionada por las letras. Nora Almada Galván (Buenos Aires, 1962) amasó durante seis años el último de sus poemarios: Ísola (Eugenio Cano Editor).

RICARD CUGAT

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Información publicada en la página 40 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 17 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

—Una formación ecléctica la suya.

—Creo mucho en la versatilidad, y no tiene por qué gustarte una sola cosa. Me apasiona la arquitectura, pero amo fundamentalmente la literatura porque me conecto a través de ella. Cuando empecé a coordinar talleres de escritura creativa, allá por los años 90, sentí que salía algo de mí que me emocionaba. Y ahora que soy profesora de secundaria lo corroboro. Además, me siento útil.

—¿Cómo viven los recortes?

—Trabajo en un instituto ubicado en un barrio de clase obrera, con mucha inmigración, y he comprobado emocionada cómo el equipo directivo del centro y el personal docente, con medios ínfimos, han intentado salir adelante con la mejor de las voluntades. Los docentes han hecho magia este año, créame.

—Y lo que nos espera...

—Es un tema que nos atañe a todos. Un niño o una niña mal formados son un futuro que se trunca. Debemos enseñarles a pensar y a discernir en libertad. Creo que todos deberíamos salir en defensa de esto y, por supuesto, de la sanidad.

—¿La literatura ayuda a respirar?

—A partir de la lectura entiendes la vida. La literatura surge por eso, para entender momentos históricos o algún misterio del ser humano… A veces me sorprendo pensando: 'Huy, esto lo habría hecho Andrea, la protagonista de Nada, de Laforet'.

—¿Qué es para usted la poesía?

—Es mi manera de mirar al mundo. Hacerlo desde la poesía se parece al cine: una imagen detrás de otra, sonidos e imágenes que caen.

—Un verso de Ísola dice: «Aún no llevo el salvavidas puesto».

—Refleja mi creencia en que hay que transitar por la vida sin protecciones; hay que arriesgarse, salir, enfrentarse e interaccionar sin miedo. El miedo es paralizante.

—¿Vive con el corazón escindido?

—Elegí irme por deseo, algo muy distinto del exilio político o económico. Siento que tengo dos casas, pero jamás pienso que me voy, ni que me quedo, sino que voy siendo. Sí es cierto que, cuando una persona se mueve del territorio donde nació, estará dividida para siempre. También afirmo que pueden mantenerse los afectos en ambos lugares.

—¿Ha sido España generosa con los latinoamericanos?

—Yo creo que sí. De todas formas, las políticas siempre tienen que ver con el Gobierno de turno. En este mundo globalizado, la inmigración ni siquiera debería nombrarse: existe, forma parte, y las mezclas son siempre enriquecedoras. Es mentira el mito de que el latinoamericano quite el trabajo al español.

—Ustedes saben mucho de crisis.

—Argentina fue un laboratorio mundial de las crisis económicas, y ahora está sucediendo aquí. Lo único que pido es que la gente abra su corazón, que sea solidaria. Las cosas no solo pasan cuando nos pasan a nosotros. América Latina es un territorio de brazos abiertos. Catalunya conmigo siempre ha sido generosa.

—Un chiste: ¿sabe cuál es el juguete favorito de los argentinos? El yoyó.

—Ja, ja, ja… Detesto los tópicos, pero hay una realidad en Argentina que tiene que ver con la mezcla de razas en la base social. El argentino es sobre todo un ser dialéctico.

—Y de los catalanes, ¿qué opina?

—Me maravilla de los catalanes la sobriedad; son un pueblo sobrio. Si algo no puede decirse de los argentinos es que seamos sobrios. ¡Pero tampoco somos todos fanfarrones!

—¿Algún defecto?

—Al principio, hay una lentitud en las relaciones que parece desconfianza o desconcierto. Tardan mucho en abrirse y cuesta que te inviten a una casa. Una escritora sudamericana a la que quiero mucho me dijo una vez: «Cuesta tanto que, cuando te abren, ya te cansaste y te fuiste». Sin embargo, cuando te abren la puerta, está abierta para siempre.

—¿Sus argentinismos favoritos?

Faso (cigarrillo), pilcha (ropa), bancátela (aguantar), mina (mujer), jetra (traje al revés). Y, por supuesto, gotán (tango), la palabra que mejor define la melancolía argentina.

—¿Y su tango?

La última curda. Una estrofa dice: «La vida es una herida absurda/, y es todo, todo, tan fugaz/ que es una curda, nada más,/ mi confesión». ¿Qué quiero decir? Abrámonos, todo es rápido, seamos generosos.

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