La Liga 2012-13 arranca esta noche después de una serie de incógnitas y despropósitos que definen con precisión el estado del fútbol en España. Que hasta anteayer mismo no se supiera por qué canales televisivos se podrán ver los partidos -y aún sigue la duda de qué cadena ofrecerá el encuentro en abierto a partir de la segunda jornada- es el epítome de un marasmo financiero que es imposible disimular con la retórica apelación a que disfrutamos de la mejor Liga del mundo (sí, probablemente, de los dos mejores equipos del planeta, cosa bastante distinta).
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 18 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El fútbol español debe admitir que lleva años instalado en una burbuja y que los oropeles y los fichajes que muchos clubs se han permitido se explican por la suma de varias razones: las deudas con los bancos (cercanas a los 4.000 millones), el incumplimiento de las obligaciones con Hacienda (750 millones de euros), la ayuda más o menos encubierta (pero en todo caso poco legítima) de ayuntamientos y otros organismos, el trato fiscal de favor a los futbolistas extranjeros y el despilfarro del abundante maná de las televisiones. Un escenario que ha merecido la atención de la UE y de los clubs de otros países europeos, a los que no falta razón cuando denuncian que estas anomalías distorsionan la libre competencia y el potencial de los equipos, y por tanto, sus resultados deportivos.
La limitación de gastos que, a instancias de la UEFA, entrará en vigor en el 2014 y la propia crisis deberían acelerar el baño de realismo de los clubs. De hecho, el traspaso de futbolistas españoles a clubs foráneos -antes una rareza- y la ausencia de fichajes de relumbrón este verano son signos de ese obligado empobrecimiento. Y la venta de los derechos televisivos no da más de sí -aun cuando sería razonable un reparto que no primase tanto a Barça y Madrid- en un mercado audiovisual con los ingresos muy mermados. Todo conduce, pues, a un ejercicio de rigor acorde con el que vive la economía en general. La enorme pasión por el fútbol que existe en España -coronada por el excelente ciclo de una selección a la que se exprime con disparates como el viaje de esta semana a Puerto Rico- no desaparecerá, pero es necesario someter a dieta a este deporte para que pueda seguir siendo con propiedad el rey.