El carajillo party (El Mundo, Abc, La Razón y La Gaceta) plantaba ayer otra pica en Flandes con la sentencia del Tribunal Supremo contra la inmersión lingüística en la escuela catalana y en pro del castellano. Otro gozoso hito en su cruzada anticatalana al servicio del PP para reespañolizar a los descarriados de las otras lenguas oficiales que no cita la Constitución.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 28 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
O sea, que el fallo sentó a cuerno quemado en los diarios barceloneses. Setge al català, titulaba en portada El Punt Avui. Y su editorial recordaba que, tras 40 años de brutal prohibición franquista y más de 30 de recuperación de la lengua sin causar ninguna fractura social, «la sentencia es un duro golpe a los esfuerzos de integración de Catalunya y da fuerza a quienes pretenden escuelas segregadas por razón del idioma». Mòbing judicial al català, titulaba la portada de Ara. El editorial asumía que la judicatura española no cejará en su ofensiva «retrógrada e involucionista» y pedía que «ante un nuevo Tribunal Constitucional aún más conservador» Catalunya «deje claro que no aceptará bajo ningún concepto que se le imponga un modelo lingüístico que no es el que hemos decidido democráticamente entre todos».
Sensu contrario, un editorialillo de La Razón loaba que «el Supremo imponga» el fin de «la imposición lingüística catalana». Los de Abc (Freno a la inmersión lingüística) y El Mundo (Sin cumplimiento de la ley no hay Estado de derecho) reclamaban que «la sentencia no sea papel mojado».
Federico Jiménez Losantos (El Mundo) echaba mano de Confuncio y su doctrina -«cambiando el nombre de las cosas cambian las cosas mismas»- para despotricar de los separatistas vascos y catalanes y temer que se incumpla la sentencia, «un atropello» por «un déficit de Gobierno» ante el que «no hay Confucio que valga». Y a Alfonso Ussía (La Razón) le daba por loar a Wert por «querer darle de nuevo la máxima importancia a la enseñanza del latín». XAVIER CAMPRECIÓS