El Periódico

La gestión de los asuntos públicos

Josep Fontana

Josep Fontana

Historiador

Las mil formas de la corrupción

El envilecimiento por parte de políticos ofrece prácticas mucho más rentables que el 'tres por ciento'

Martes, 10 de marzo del 2015

La repetición cotidiana de noticias sobre las corruptelas del tipo del tres por ciento nos ha llevado a pensar que todo se reduce a los beneficios obtenidos a cambio de contratas fraudulentas. No es así; la corrupción tiene mil caras y algunas de sus formas son mucho más rentables que las contratas.

Formas que acompañan a los políticos desde su acceso inicial al poder hasta más allá de su retiro. En un libro póstumo, Corrupción y política, Javier Pradera nos cuenta cómo los políticos del PSOE le tomaron gusto a los «privilegios del poder» después de su victoria en las elecciones de 1982, acompañada, al año siguiente, por el triunfo en las municipales y autonómicas. En el verano de 1984 Felipe González hizo un crucero con el Azor, el viejo yate del Caudillo, mientras que Alfonso Guerra utilizaba un avión militar para regresar de sus vacaciones en el Algarve. Un simple aprendizaje.

Una nueva e interesante modalidad es la de los funcionarios de los bancos que pasan a un cargo político financiados por sus empresas. Algunos grandes bancos les pagan premios en efectivo, como Lazard, que abonó más de seis millones a Rodrigo Rato cuando vino a presidir Bankia y que ha dado 21 millones de dólares a Antonio Weiss al pasar a consejero del secretario del Tesoro de Estados Unidos. Otros, como Citigroup, actúan más discretamente y abonan complementos a las pagas inferiores del nuevo cargo, «lo que lleva a preguntarse para quién trabajan realmente estos funcionarios del Gobierno».

La corrupción acompaña a los políticos hasta después de que han dejado el poder, como lo revela su modalidad más rentable, la puerta giratoria. Mientras están en activo, con la atención pública fijada en sus actuaciones, los políticos están obligados a contenerse; pero al pasar al retiro nada les impide sacar provecho de sus capacidades como conseguidores, basadas en los lazos de influencia que conservan y en los muchos favores por los que los políticos en activo les están en deuda.

El caso de los dos exministros de Asuntos Exteriores británicos pillados recientemente en una trampa por supuestos empresarios chinos nos da una primera estimación del coste de sus servicios de conseguidores: 6.000 euros al día. Es evidente que las tarifas de políticos de primera fila, que suelen intervenir en negocios de más calado, han de ser de mayor cuantía. A lo que hay que añadir, además, que, según Matthew Yglesias, si el político es un personaje que ha acabado siendo universalmente despreciado por sus conciudadanos, su cotización aumenta, puesto que eso demuestra que se trata de alguien dispuesto a cualquier bajeza para hacer un buen negocio.

Un ejemplo lo tenemos en el caso de Tony Blair, el antiguo dirigente socialista de Gran Bretaña, que reúne este mérito adicional de ser despreciado por sus conciudadanos por la evidencia de su miseria moral. Según uno de sus antiguos consejeros, Geoff Mulgan, en noticias que tomo de un libro de Andrew Sayer, Blair recibió 3,5 millones de libras esterlinas al año como consejero de JP Morgan, medio millón de Zurich Financial, un millón como asesor de Kuwait y cantidades no reveladas como consejero personal de la dinastía real de Kuwait y de la dictadura de Kazajistán, así como de la empresa financiera de capital riesgo Khosla Ventures, que tiene su sede en Menlo Park, California, y que se supone que maneja un capital inversor de unos 1.300 millones de dólares.

La diversidad de estas actividades no hace más que arrojar serias dudas acerca de la naturaleza de los servicios que Blair puede ofrecer. Se puede suponer que aconseja políticamente a la familia real kuwaití o a Nursultan Nazarbayev, que domina Kazajistán desde que en 1989 fue nombrado primer secretario del Partido Comunista de la por entonces República Socialista Soviética de Kazajistán y que desde 1991 es presidente de la República, reelegido una y otra vez (la última fue en el 2011, por cinco años más). Pero ¿de qué naturaleza pueden ser los servicios que ofrece a JP Morgan o a Khosla Ventures? No será por su experiencia en diseñar productos financieros, afirma Geoff Mulgan.

No tenemos una información semejante acerca de los méritos por los que cobran habitualmente José María Aznar (poco más que las noticias acerca del 1% que pedía a Abengoa por su mediación en una venta de armas a su amigo Gadafi) o Felipe González (que confesó que se aburría en el consejo de Gas Natural Fenosa, donde al parecer recibía 500.000 euros como vocal no ejecutivo, lo que indica, cuando menos, que el resto de sus ingresos le permiten prescindir de ellos). Pero el conocimiento que tenemos de sus capacidades intelectuales, fácil de comprobar leyendo sus respectivos libros de memorias, da mucho que pensar acerca de la naturaleza de sus servicios.

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