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Josep Maria Espinàs

Pequeño observatorio

Josep Maria Espinàs

Periodista y escritor

¿Las formas merecen ser odiadas?

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Miércoles, 24 de abril del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

He leído en este diario una información sobre la pianista Alice Sara Ott, una aplaudida y joven artista germanojaponesa que se ha presentado en Barcelona. Solo tiene 24 años, y esa juventud quizá justifica que diga: «Odio la formalidad de los conciertos». Su carrera musical se basa en dar conciertos, y creo que si, como dice, los odiase no alcanzaría la calidad que tienen sus interpretaciones en un escenario. «La gente cree que debe arreglarse para venir, y que no se puede ni mover en la butaca ni aplaudir entre movimientos». Todo esto le parece una «tontería».

Yo creo que ese odio le pasará, y me permito creer que, si hablamos en serio, ese odio no existe. Sería terrible que se dedicase a una actividad artística que odia. Quizá para romper esta sumisión, la pianista toca descalza. Por comodidad, sin zapatos. Pero la gente no se da cuenta, porque los vestidos le tapan los pies. Lástima. ¿Y por qué no se decide a enseñar los pies? Sería un gesto muy válido para rechazar la odiada formalidad. No olvidemos que los humanos progresaron cuando se pusieron de pie sobre sus pies. Además, los pies han sido poetizados. «Tus pies son un mecanismo de diamantes de espuma incrustados por milagro». Y otra ridiculez: «Sois alas de un vuelo que se abre en el suelo, y vuestro destino es sembrar de flores el camino de la vida».

Si se pueden escribir estas cosas de los pies, no sé qué se podría llegar a decir, hoy, de los pies escondidos de la pianista, que no sabemos si son robustos -por su ascendencia alemana- o pequeños y delicados por su ascendencia japonesa. En fin, espero que Alice Sara Ott haya tenido un gran éxito en Barcelona, con un público que haya gritado bravos y aplaudido cuando no tocaba, de manera que se haya liberado a la artista de la formalidad que odia.

Subir al escenario, en plena interpretación de una pieza de Liszt, para besarle delicadamente los pies escondidos también sería muy agradecido por la pianista. Barcelona, ​​capital de la formalidad.

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