Es difícil entender la estrategia del Gobierno. Por una parte, el producto interior bruto (PIB) mengua más despacio de lo que aumenta el paro. Es decir: hay menos puestos de trabajo pero la misma exigencia productiva, con lo cual cada uno tiene que rendir más, aunque le hayan reducido el sueldo, para mantener a un grupo cada vez mayor de desocupados. Las prestaciones de estos últimos se rebajan un 10%, según el presidente a modo de incentivo. O sea: para que espabilen (y según la diputada Andrea Fabra, para «que se jodan»). Pero, ¿dónde van a encontrar empleo si despiden a la gente porque no hay manera de pagarles?
Información publicada en la página 9 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 14 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No salen las cuentas cuando se valora más el parche que los fundamentos de la calidad. Una teoría arquitectónica, nada científica, asegura que todo tiende a aguantar; la cuestión es hasta cuándo. Los extranjeros se preguntan por qué, con una tasa de desempleo superior al 25%, no arden las calles más allá de Callao. Si se incrementa el IVA, lo lógico sería que el consumo cayera en picado, condición indispensable para que bajen los precios. Nada cuadra.
Durante su aplaudido plan de ajuste, Rajoy admitió con total desfachatez que no estaba haciendo lo que quería. Repitió varias veces la palabra sacrificio, para el diccionario: «ofrenda en reconocimiento de la divinidad». Ha otorgado su país cual doncella al gran dragón europeo. Entonces, si no ha cumplido con su cometido, si nadie lo votó para esto, si es prescindible, ¿por qué no engrosa él también la cifra del paro?
No le pidamos responsabilidades, ha demostrado que no responde ni de su propia palabra. La única rebelión posible es buscar la felicidad más allá de la sociedad de consumo. El problema es que, al margen de la indignación +IVA, nadie está preparado para eso.
Igual que la doncella entregada a las fauces del dragón, hemos permanecido dormidos demasiado tiempo y son pocos los vasallos que trascienden la queja. Falta un Robin Hood que resuelva este problema medieval.