Xavier Bru de Sala
Escritor
Callejón sin salida, cul-de-sac o atzucac en catalán, define una situación en la que solo es posible retroceder. Adelante no se puede ir. Hacia los lados no hay camino. Esta es la situación en que se encuentra Catalunya tras la magna manifestación de la Diada de la independencia y del no de Rajoy al pacto fiscal aprobado por el Parlament. Si hablamos con inteligible metáfora, habría dos formas de evitar el retroceso. La primera, abrir una puerta, agujero o socavón en la pared que impide avanzar. La segunda, saltar la tapia, siempre que la flexibilidad de las piernas lo haga posible y la tapia no sea tan alta como la que hoy bloquea las aspiraciones catalanas.
Información publicada en la página 13 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 21 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
VISTO QUE los ánimos no están para retroceder, estudiemos la tapia. Sobre el papel, hay dos puertas o agujeros, pero es de temer que sean grafitos en la pared, y encima en trompe l'œil. Son el citado pacto fiscal, del que los historiadores dirán que nació muerto y ni siquiera mereció la oportunidad de una incubadora, y la opción federal. El pacto está dibujado, como decíamos, en la pared del fondo del callejón sin salida. Dibujado, perfilado, votado y detallado. En cambio, la puerta federal está más bien desdibujada, y ni siquiera tiene cerradura o cerrojo, de modo que nadie la intenta abrir. Se invoca de vez en cuando, pero no pasa de ser una vaga y lejana aspiración.
Ninguna de estas dos alternativas al intento de saltar la tapia hacia el Estado propio parece viable. Los padrinos del pacto fiscal dejaron de presentarlo como tal alternativa y lo explicaron, al final, no como el objetivo de máximos que debía ser el momento de la concepción y el anuncio, sino como un paso, una estación que ha dejado de ser final para convertirse en intermedia. A consecuencia de dicha manifestación. Constatado el final de la película, previsto desde el principio por una gran parte de los espectadores e incluso los guionistas, entramos en un terreno desconocido de confrontación.
Antes habrá que dejar constancia de que la acertada previsión del final no ha disminuido la expectación sino que, al contrario, ha conseguido congregar a más gente que nunca y ha centrado la atención en la entrevista de ayer, hasta el punto de comparar la reunión Mas-Rajoy con la histórica Suárez-Tarradellas. En efecto, aquella abrió un ciclo que la de ayer cierra.
Descartada pues la puerta del pacto fiscal porque al otro lado de la tapia, la de Madrid, no hay ni el esbozo de una puerta, a la margarita catalana le quedan solo dos pétalos, siempre el dos, y sea dicho para ponernos falsamente poéticos. Uno es el salto. El otro, el federal. El de aquellos que desean detener el incremento constante de la masa independentista y evitar los riesgos (y oportunidades) del salto. Los catalanes que lo desean (porque en España no parece, visto el resultado, que tal deseo esté muy extendido) deberían ponerse a dibujar bien, con un trazo muy grueso, la puerta federal. ¿Cómo no lo hacen? No se trata de ningún misterio ni de simple desidia, sino de la convicción, íntima aunque no manifestada, de la inutilidad. La respuesta de Rubalcaba al federalismo es paralela, y por tanto idéntica en el fondo, a la de Rajoy al pacto fiscal. La cerradura también está en el otro lado. Tampoco se abrirá.
¿Y por qué caramba no lo intentan? ¿Por qué no perfilan, detallan y establecen una hoja de ruta con calendario incluido? ¿Por qué no escriben un guion? Porque ya saben el final de esta otra película. Y sobre todo, las consecuencias. Todo el proceso del nuevo Estatut, protagonizado y liderado por los socialistas catalanes, ha resultado una fábrica de independentistas, también en las filas de su militancia y sus votantes. Ahora ya lo sabe todo el mundo, y es dudoso que ellos no lo intuyeran: Maragall inauguró y Montilla amplió la mayor fábrica de independentistas que ha conocido Catalunya.
HASTA QUE, para no ser menos, Mas ha montado una más eficiente y productiva, llamada pacto fiscal. Está claro que la energía para hacerlas funcionar proviene de España, y que si hubieran positivado esta energía negativa, por decirlo así, la cadena de montaje social y emocional habría funcionado a la inversa, de modo que el independentismo sería hoy residual e iría a la baja en vez de crecer de manera exponencial y rozar la mayoría.
¿A la vista de esta doble experiencia, quién se arriesga a montar una tercera fábrica? Tal como están Madrid y sus élites, pero sobre todo tal como es y son desde el fondo de los siglos, el final de esta otra película y el resultado también están cantados. Un intento serio de federalismo conseguiría incrementar el independentismo hasta un 70% de la población. Por eso no pasa de invocación... Si no fuera, tal vez, que el PSC la acompañase de ruptura con el PSOE y de un ultimátum en Madrid... Pero eso equivaldría a cambiar de estrategia y sumarse al Estado propio por la vía directa. Escritor.