El Periódico

Miércoles, 11 de enero del 2017 - 17:29 CET

Oriol Junqueras y Soraya Sáenz de Santamaría, en una reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera.

El proceso soberanista catalán ha sido pródigo en neologismos. El lenguaje de políticos y periodistas ha añadido expresiones como las de 'el hámster' (referencia al acto de empujar eternamente una rueda que simpre gira, pero que nunca avanza), el 'pressing-cup' (la intimidación a la CUP para que mantenga el Govern de Junts pel Sí), la 'hoja de ruta' (algo diferente a un programa político, pues solo se refiere a la independencia y, eso sí, marca fechas, procedimientos y estrategias que luego se cambian sobre la marcha) o, 'posautonomía' y 'preindependencia', expresiones del mismísimo 'president' Puigdemont que aluden al limbo en el que supuestamente nos encontramos.

Pero de toda la panoplia de expresiones propias del momento político catalán, la que tiene más aspiraciones de pasar a la historia es la de 'revolución de las sonrisas', forma de señalar que el camino de Catalunya hacia la república independiente es un proceso sin tensiones, violencia ni malos humores. Después de la reunión del 'vicepresident' de la Generalitat, Oriol Junqueras, con la vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría, puede establecerse otro término novedoso: el 'choque de trenes cordial'.

La sensación tras este encuentro de altísimo nivel entre el Gobierno y la Generalitat es que estamos/seguimos en el punto en el que la colisión es inevitable. El Ejecutivo de Rajoy no va a autorizar un referéndum en Catalunya ("un Gobierno puede hablar de lo que puede hablar", en expresión de Sáenz de Santamaría), mientras que el Govern de la Generalitat mantiene que habrá referéndum "con o sin permiso", como le transmitió Junqueras a la vicepresidenta.

SIN ESTRIDENCIAS

La diferencia es que esta vez se lo dijeron a la cara, de forma educada y sin estridencias, como corresponde a dos personas de natural afable. Ya es un paso. Pero ha quedado claro que la 'operación diálogo' (otro término nuevo) tiene unos límites estrechos y que todavía no hemos llegado al punto crítico en el que la cordialidad y las sonrisas dejen paso a las condenas en los tribunales y a las manifestaciones.