Entre todas las guías de Barcelona que esperan en la estantería de las librerías la mano de un turista, hay una que no destaca por su diseño, ni por su ligereza. Está llena de anécdotas contadas por su autor. Las fue recogiendo, a pie, durante un año y medio. Josep Casas, un aparejador jubilado antes de tiempo por la crisis de la construcción, se hizo turista en su propia ciudad para aprender lo mucho que no sabía de Barcelona y poderlo contar, de manera novelada, en una guía cultural.
Información publicada en la página 64 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 01 de noviembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Cómo pasó de dibujar planos a planificar guías de viaje?
-Fue en una de tantas noches en las que me costaba tanto dormir, pensando en los problemas que se le vienen a uno cuando de un día al otro te quedas sin trabajo. Me daban las seis de la mañana y yo tenía los ojos como naranjas y, al final, me levanté y empecé a escribir mis viajes.
-¿Han sido muchos?
-Bastantes, porque viajar ha sido una de mis tres grandes pasiones en la vida. Las otras dos han sido la familia y el trabajo.
-¿A qué países ha viajado?
-En la década de los 80, compramos una caravana y cada fin de semana y en vacaciones viajábamos en familia por toda Europa. También hemos hecho grandes viajes, a Perú, al Tíbet, a Tailandia, a Egipto -soy un adicto al Museu Egipci, a la egiptología y a los jeroglíficos...
-¿Y es de los que viaja con guía?
-Sí, pero las guías son como las enciclopedias, para consultar, no para leer. Yo, de cada país volvía con un montón de libros de historia.
-¿Su libro qué aporta que no tengan otras guías de Barcelona?
-Está novelada, es una historia que se puede leer a ratos, o de un tirón, pero es una guía, puedes seguir todas sus indicaciones. En ella, un grupo de personas viajan con un guía: dos matrimonios, dos jubiladas y tres jóvenes y el narrador es expectador externo. Hay más de 200 fotos y anécdotas de las que despiertan interés en un viaje y que solo algunos guías turísticos conocen, detalles que hacen a los sitios peculiares.
-¿Quién le ha editado la guía?
-Yo. Primero la envié a 42 editoriales, 38 de Barcelona y 4 de Madrid. Doce me dieron las gracias, el resto, ni siquiera me contestó. Así que, con la ayuda de un grupo de amigos, autoedité 2.000 ejemplares de «La mirada de un turista en Barcelona». Ya he repartido 250 en 48 librerías de Barcelona y en alguna otra ciudad.
-¿Las lleva usted personalmente?
-Sí, yo voy haciendo mi ruta. Y me encanta conversar con los libreros.
-¿Se las quedan?
-Se las van quedando en depósito y yo lo voy anotando todo en una libreta. Hay que tener mucha paciencia, pero yo estoy satisfecho de mi trabajo. De momento, no he visto ni un euro, pero promociono mi ciudad y ¿Sabe lo que más me llena?
-¿Qué?
-Los e-mail que he empezado a recibir de gente que ya la han leído, porque puse mi correo en el libro. Me escriben y me agradecen el trabajo, me dicen que han disfrutado leyéndola y descubriendo muchísimas cosas de su ciudad que no sabían.
-Tiene mucho mérito que lo haya hecho a los 65 años. Es un ejemplo de tenacidad. ¿No lo vive así?
-Mire, yo sabía que tenía que hacer alguna cosa, que no me podía quedar en casa mirando la tele en el sofá, ni en la barra de un bar, ni en el banco de un parque. Para recoger, hay que sembrar, también cuando te jubilas. Si buscas, siempre encuentras algo que quieres hacer. Por eso los libros de autoayuda tienen tanto éxito, porque la gente busca, no hay que dejarse arrastrar por el pesimismo, hay que buscar salidas, hay quien quiere restaurar muebles, pintar, hacer un voluntariado... el mundo no se acaba con la jubilación, otra cosa es el dinero, pero todo lo que vas haciendo siempre te reporta una contraprestación.
-¿Tiene previsto hacer otras guías?
-Ya tengo otra, con el mismo título, «La mirada de un turista en Perú». Fue la primera que hice, y una editorial me la editó en digital. Los personajes que viajan en el libro son los mismos, y ya tengo otros destinos preparados con ellos también.