Gemma Tramullas
Periodista
Lo último que vio el maqui Josep Lluís Facerías antes de morir fueron unos ojos infantiles asustados. Con el tiempo, la mirada de aquel niño se transformó en la de un apasionado abogado curtido en cientos de causas obreras y vecinales. ¿Influyó aquel violento episodio en su vocación? José vuelve, 55 años después, al lugar donde el mítico guerrillero anarquista cayó acribillado ante sus ojos -que hoy es la plaza de las Madres de Plaza de Mayo de Nou Barris- en busca de respuestas.
Información publicada en la página 76 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 17 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-He tenido que dar varias vueltas a la plaza para encontrar la placa en honor a Facerías.
-No se ve mucho, ¿verdad? Se puso a iniciativa de un regidor del ayuntamiento que venía de familia anarquista, pero se hizo de forma casi clandestina para que el resto de grupos municipales no hicieran ruido.
-Volvamos al 30 de agosto de 1957. -Era por la mañana y había un silencio sepulcral, no se veía a nadie por la calle. Entonces esto era un descampado y mi amigo Julianín y yo estábamos buscando caracoles porque había llovido. De pronto oímos un ruido estremecedor. Silbaban balas por encima de nuestras cabezas.
-¿Qué hicieron?
-A unos metros de donde estábamos había un muro y por el otro lado venía un hombre haciendo eses. Iba en bicicleta pero solo le veíamos la cabeza, hasta que golpeó contra el muro y cayó de nuestro lado. Corrimos hacia él. Estaba boca arriba y tenía la camisa blanca ensangrentada.
-¿Estaba vivo?
-Se estaba muriendo y manipulaba algo en sus manos: una bomba de mano. Cruzamos las miradas, su última mirada; no sé cuánto tiempo pasó. Entonces llegó un policía de paisano gritando y salimos corriendo. Podía haber tirado la bomba pero no lo hizo. ¿Por qué no la tiró?
-Fue testigo de la muerte de uno de los últimos guerrilleros urbanos.
-Facerías murió como persona pero el personaje estaba vivo en mí y ha ido reapareciendo en mi vida. Yo era un adolescente del barrio del Turó de la Peira y fui tomando conciencia de que había otro muro que ocultaba una lucha desigual entre vencedores y vencidos de la guerra y empecé a ir a las manifestaciones antifranquistas. Un día, cuando hacía la mili en la secretaría de justicia de la capitanía general de Barcelona, cayó en mi mesa un expediente judicial especialmente extenso.
-¿Facerías? Caramba con el azar.
-Devoré el sumario, me empapé de toda su actividad social, de sus antecedentes, de la lucha anarquista... En el lenguaje judicial era un delincuente y un terrorista, pero yo era un joven de 22 años con una predisposición a dedicar su vida a la justicia social y ese hombre tan consecuente con sus ideas, que dio su vida por los demás, me sirvió de ejemplo.
-Es como si aquel día de 1957 Facerías le hubiera pasado el testigo.
-La memoria histórica es como un río imparable de historias que acaban y dan vida a otras historias que comienzan. Un niño que es testigo de la muerte de una persona que luchó por la justicia social puede incorporar ese ejemplo para continuar la lucha, que es imparable. En 1975 me matriculé en Derecho -algo impensable en alguien que había nacido en las barracas de La Perona- y soy abogado de la Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona.
-Y Facerías le sigue acompañando.
-Cara al homenaje que hicimos por los 50 años de su desaparición, me puse a investigar las circunstancias de su muerte. Lo que mi amigo Julianín y yo vimos no coincidía con la versión oficial, que decía que a Facerías le dispararon primero en el tobillo. Empecé a buscar testigos y al final encontré a alguien que vio los hechos desde el otro lado del muro. ¿Sabe quién era?
-¿Quién?
-Mi primo Josico. En 50 años, jamás hablamos del tema y, cuando le dije que estaba haciendo esta investigación, me contó que ese día había ido a buscarme al descampado y que vio cómo ametrallaban a Facerías.
-Ha escrito un libro, Detrás del muro, y un monólogo teatral. ¿Hasta dónde quiere llegar?
-No pretendo más que hacer justicia a un hombre que murió delante de mí y recuperar su memoria.