Joan Ferran
Diputado en el Parlament.
El festival de las cosas extrañas ha comenzado. A estas alturas ya nada es estrambótico ni motivo de sorpresa. Podemos comprobar como, en 'TeletriCiU', Artur Mas hace paralelismos entre el mundo de los 'castellers' y los cimientos de un nuevo Estado nonato. O ver como un presidente sediento, rodeado de jóvenes patriotas, bebe de un vaso amarillo que lleva el lema 'Catalonia is not Spain'. Sí, eso y muchas cosas más las podremos ver y escuchar de aquí al 25 de noviembre. Algunos, de buena fe, piensan que todo finalizará el día después de las elecciones. Se equivocan. El festival de las cosas extrañas no ha hecho más que empezar. Sus promotores tienen en cartera grandes proyectos al respecto. Sueñan con prolongar las actividades durante más de una década. Sueñan con transitar nacionalmente anclados en 'Neverland' (el país de Nunca Jamás).
Artur Mas, durante su intervención en el congreso de las juventudes de su partido. Robin Townsend | EFE
Bajo esta atmósfera de cosas extrañas encontraréis fantasías nunca imaginadas. Así personajes, como Felip Puig, inspirador de guerrillas 'amateurs' y de webs delatoras, se convertirá en un paladín contra "la estrategia del miedo" de los que insinúan que la independencia es perjudicial. Él, precisamente él, que hizo de la inseguridad y el miedo a los disturbios motivo de justificación de políticas represivas... Insisto, el festival de las cosas extrañas ya está aquí. Lo que hemos visto hasta ahora es solo un aperitivo.
¿Qué hacer?, se preguntó el clásico. La respuesta actual sería: conseguir que tu verdad sea aceptada. ¿Cómo?, nos interroga al viejo revolucionario ruso: Formulándola con nitidez. Mostrando que entre el camino de Mas hacia un mundo desconocido, lleno de incertidumbres y el torbellino de aguas turbulentas que todo se lo llevan del PP hay salida. ¿Fácil? No, laboriosa pero posible y llena de oportunidades, conscientes de que la sociedad se mueve y comprende. Tanto Mas como Mariano Rajoy se han jactado a menudo de tener el apoyo de las mayorías silenciosas argumentando ambos que estas eran comprensivas con su política de recortes considerándolas inevitables y necesarias.
Después Artur Mas cambió de chip justificando su "transición" gracias a la energía que le presta la Diada del Onze de Setembre. ¡Excelente coartada para ocultar la ineptitud de su Gobierno!
Pues bien, la opción del catalanismo federalista que propugna el PSC también tiene su gente, su clientela. Este año el trabajo del PSC debe ser la de conectar con la "mayoría cautelosa". Sí, aquella que quiere avanzar sin peligro; aquella que, lejos de ser estética, o estática, quiere cambios sin sacudidas ni turbulencias. Es una mayoría que no quiere sufrir perniciosas consecuencias económicas y sociales. La mayoría cautelosa vive en la centralidad, equidistante de un Mas irreflexivo y aventurero y enfrentada a los dictados uniformistas los populares. La mayoría cautelosa catalana puede vislumbrar en la solución federal finales de mil polémicas estériles. Cautela no es sinónimo de miedo, si no de cuidado. El diccionario define la palabra suficientemente bien: "Prudencia ante un peligro probable". Catalunya necesita que una mayoría cautelosa tome la palabra y la exprese con el voto.