La bolsa, que había iniciado la jornada de ayer con una buena recuperación de las pérdidas de la víspera, se vino abajo nada más oír las primeras declaraciones de Mario Draghi, presidente del BCE, tras la reunión de la entidad en Barcelona. A pesar del alambicado lenguaje que caracteriza al BCE, las palabras de su cabeza visible fueron tan claras que cayeron como un jarro de agua fría sobre los inversores, preocupados por las consecuencias de las medidas de restricción presupuestaria en la economía real y por el futuro de nuestro sistema bancario.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El presidente del BCE volvió a dejar muy claro que no es independiente de los gobiernos, a los que se limita a hacer recomendaciones sobre reformas y calendarios pero sin tomar decisiones propias. Repite la doctrina de que el crecimiento no es contradictorio con el pacto fiscal, más bien al contrario, dice, ya que sin la estabilidad presupuestaria no se conseguirá un crecimiento sostenido.
Los plazos
Lo cierto es que ninguna de las voces que reclaman un giro pide que se abandone la austeridad, sino simplemente que esta no mate la actividad. Hasta un gobernante como Artur Mas, pionero en la política de recortes en España, propuso la noche del miércoles unos plazos de estabilización más dilatados para que el esfuerzo sea verdaderamente compatible con el crecimiento. Respecto de los objetivos de inflación y, en consecuencia, los tipos de interés, Draghi tampoco dio buenas noticias. Aunque las tensiones inflacionistas son despreciables -una quincena de países de la zona están en recesión- y las grandes potencias competidoras de Europa tienen los tipos más baratos, el BCE mantiene el 1%, en lo que Draghi, como su antecesor, define como una «política acomodaticia».
La parsimonia con que el instituto emisor se toma su propio papel contrasta con la forma en que analiza y se pronuncia sobre países concretos. «Tenemos plena confianza en que se adoptarán medidas con carácter inmediato tanto en el frente fiscal [recortes] como en el bancario», dijo refiriéndose a España. Y también se mostró seguro de que la reestructuración del sistema financiero será «rápida y transparente», una frase muy reveladora de lo que piensa sobre el estancamiento de ese proceso y las dificultades de alguna entidad en concreto.
De forma que el BCE se va como había venido, sin despejar las dudas que preocupan a la mayor parte de los gobiernos europeos y a los expertos, que ven con frustración que la austeridad no da los resultados previstos.
La seguridad
Contrariamente a lo que habían temido las autoridades policiales, la presencia del consejo de gobierno del BCE en Barcelona no ha suscitado manifestaciones de protesta, ni altercados. Los estudiantes universitarios sí se movilizaron ayer contra la subida de las tasas de matriculación, pero todo se desarrolló como habían previsto sus organizadores. La fuerte presencia policial hizo que el pequeño grupo de jóvenes que se descolgó del grueso al final de marcha desistiera de una posible manifestación frente al hotel donde se celebró la reunión del BCE.
Si los sistemas y despliegues de seguridad se han de medir por sus resultados, no cabe duda de que el que se ha visto estos días en Barcelona ha sido un éxito. Nunca sabremos si con un esfuerzo menor se habría conseguido lo mismo. Los responsables de Interior sí parecen tener claro que estas demostraciones de autoridad frente a posibles alteraciones del orden son bien recibidas por los ciudadanos. De ahí que se prestaran incluso a que sus unidades más elitistas hicieran posados desde sus ubicaciones estratégicas, en terrazas y demás puntos de control, luciendo incluso fusiles con mira telescópica.