Antón Losada
Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela
Es el boss, el puto amo, el rey del mambo, el mejor, el único, el elegido, el padre perfecto, el marido modélico, el yerno ideal. Ante sus sabios designios, ya ni la mismísima lideresa Esperanza Aguirre se atreve a otra cosa que a una tímida pataleta de colegial. Si hay que tragar el número cuatro de Gallardón, el alcalde responsable de la mitad de la deuda municipal española, se besa con la alegría que Tiana abrazaba al sapo.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 16 de octubre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
Si mañana a Mariano Rajoy le da por decir que inventó internet, ha cuadrado el círculo, sabe cómo resucitar a Chanquete o ha descubierto cómo combinar el tricornio con el nuevo uniforme de la Guardia Civil, su problema no será demostrarlo, sino atender tantas felicitaciones como va a recibir.
Los silencios intolerables de antes se han transformado ahora en magistrales dominios de los tiempos políticos. Su ayer insufrible indecisión, hoy ha devenido en implacable táctica guerrera para derrotar al adversario usando su propia fuerza. Aquel discurso antaño tan falto de valores firmes y principios claros, compone ahora una pieza maestra de la retórica política moderna, fina e ingeniosa. Todos cuantos ayer le hacían las listas, hoy solo aspiran a confeccionarle la lista de la compra. Uno puede defenderse de los ataques, ante el elogio está indefenso, decía Freud.
En España siempre se ha acudido presto en socorro del vencedor. Mariano Rajoy debe ser perfectamente consciente de lo poco que dura tanto apoyo. No lo pudo decir más claro en la convención de Málaga, cuando les recordó lo difícil que habría resultado llegar hasta allí. Muchos entre quienes hoy acuden presurosos en su ayuda, creen que no lo sabe o no se ha dado cuenta. Siguen pensando de él lo mismo que opinaban antes de que la proximidad de la victoria les hiciera adaptar su parecer. No aprenden.