Hay quien utiliza su automóvil para trasladarse de un lado a otro. Otros se mueven en moto, en transporte público, en bicicleta o en patinete. Àngel Ibáñez tiene un ultraligero como utilitario. Es un hombre tranquilo que va volando a todas partes.
Información publicada en la página 76 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 11 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Cuál es su destino más habitual con el avión?
-Los Alpes. Voy de Castejón de Sos al valle de Chamonix en tres horas. Paso muchos fines de semana allí. En Chamonix hay 20 campos de aterrizaje. Y en todos los Alpes, unos 300.
-Y cuando aterriza, ¿qué hace?
-Hay un gran refugio y restaurante, a 2.000 metros, con vistas al Mont Blanc y con 15 grados menos de temperatura. En verano es fantástico. Y, normalmente, o ya hemos quedado o nos encontramos allí varios pilotos. Muchas veces el destino es la excusa para salir a volar. Si monto una paella en Toulouse, viene media Europa. La gastronomía es siempre una magnífica excusa.
-Usted nació en Barcelona y vive en Liri -a seis kilómetros de Castejón de Sos-. ¿Por qué eligió ese pueblo? ¿Cuánta gente vive en él?
-En Liri hay solo unas siete casas habitadas, de gente que vive durante todo el año. En verano y durante los puentes hay unas 14 casas abiertas. Justo al lado hay un campo de aterrizaje de ultraligeros donde había aterrizado muchas veces y pensé que aquello era una maravilla. El verde del entorno, el fresco por la noche y a 30 o 40 minutos de Barcelona volando. Me instalé allí y nos quedamos con el aeródromo. Hace diez años que llevamos la gestión del aeródromo de Castejón de Sos, especializado en vuelo de montaña. Hacemos cursos en los Pirineos, enseñamos a aterrizar en pendiente.
-¿Su pareja también vuela?
-Vuela en su propio avión. Cada uno tiene el suyo. Y no fui yo quien la aficionó a volar. Cuando nos conocimos, hace 15 años, ella no había volado nunca. Lo probó y decidió sacarse el título de piloto. Hemos hecho la vuelta a España dos veces, cada uno en su avión -así llevamos el equipaje más ampliamente-. Volamos en dos ultraligeros de tubo y tela, como se les conoce, de tercera generación.
-Y en su caso, ¿cómo fueron sus inicios en el vuelo?
-Mi padre trabajó en el aeropuerto de Sabadell como soldado raso de la quinta del biberón. Tenía muchos amigos pilotos que venían a casa, donde desde muy pequeño siempre vi insignias y trozos de paracaídas. Esas fueron mis primeras señales.
-¿Y las siguientes?
-Desde el patio de la casa de mi abuela, que vivía en Sabadell, al lado del aeropuerto, me subía a una pared para mirar un biplano legendario, un Bücker. Me escapaba a tocarlo.
-¿Cuántos años tenía?
-Unos diez. Veía un avión y tropezaba por la calle. Y cuando abrieron la primera escuela de ala delta en Barcelona, hace 40 años, me inscribí.
-¿Por qué ala delta?
-Era lo más asequible para volar. Me compré un Albatros y volaba en el Montseny y en Àger. Aquella etapa fue corta, porque empecé a trabajar de guía en África. Fui a pasar un año sabático allí y me quedé diez años.
-¿Añora África?
-Sí, echo de menos las noches africanas y, sobre todo, la vida nómada, la más rica que hay. Cuatro o cinco meses viajando por África y cinco o seis en Barcelona, preparando los viajes. También fui a Nepal, India, Turquía y Latinoamérica.
-Pero no volaba.
-No. Pero, cuando volví a Catalunya, entre tres amigos compramos un ultraligero, que ya eran más avanzados. Y me saqué el título de piloto. Como vi que me gustaba mucho, me compré un avión yo solo.
-¿Cuánto vale un ultraligero?
-De segunda mano, de 5.000 a 40.000 euros. Nuevo, entre 35.000 y 70.000. En Catalunya hay unos 400.
-¿Qué autonomía tiene su avión?
-De cuatro a seis horas de vuelo, a 150 kilómetros por hora de media.
-Usted preside la Federació Aèria Catalana. ¿Se vuela cada vez más?
-En Europa es una tendencia en alza. Hace 10 años había unos 30.000 ultraligeros, y hoy superan los 45.000.
-¿Cuántas pistas de aterrizaje para ultraligeros -menos de 450 kilos- hay en Catalunya?
-30 campos, 7 aeródromos y los aeropuertos de Reus, Girona y Lleida.
-¿Cómo va a los sitios donde no se puede aterrizar?
-Si me invitan a donde no puedo aterrizar, no voy. Me resulta muy pesado hacer 600 kilómetros en coche.