Vaya usted a saber si el festorro rojigualda de La Cibeles habrá tenido algo que ver, pero, como ayer plasmaba el carajillo party y advertía Manel Fuentes (Catalunya Ràdio) en El mati, el Gobierno de Rajoy da pasos para acelerar su programa reformista y recentralizador, acaso porque «el PP no está cómodo con el Estado de las autonomías y lo cuestiona subliminalmente y de manera reiterada».
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El Mundo abría portada con el anuncio de Rajoy a su partido (Ahora toca pisar el acelerador de las reformas), de que toca recortar poniendo el foco en las comunidades autónomas.
La Gaceta daba su primera plana a Torres-Dulce (El fiscal general descalifica el Estado de las autonomías), que tiene su qué que la autoridad cuestione el modelo constitucional y abogue por devolver las competencias a la Administración central porque «un Estado en el que no haya un núcleo importante en justicia, sanidad y educación difícilmente podrá funcionar».
Y lo que el carajillo party no destacaba pero sí aplaudía -en ello comulgan con su lideresa Esperanza Aguirre- soliviantaba a la prensa barcelonesa: la armonización de los horarios comerciales de la patria.
Así andamos en España. En Gran Bretaña investigan ahora si los 16 mayores bancos falseaban a voluntad el tipo de interés con el que se prestan el dinero (el líbor, pariente del euríbor) cuando bajaban a tomar el café a la calle en Londres. Y si Xavier Vidal-Folch (El País) escribía el lunes que «nos conviene la City, pero después de haber sido desratizada, desinfectada y desinsectada de especuladores y falsarios», Daniel Innerarity reflexionaba ayer en abstracto, en el mismo diario, sobre la construcción social de la estupidez en nuestro mundo del conocimiento: «No hay inteligencia colectiva si las sociedades no aciertan a gobernar razonablemente su futuro», concluía recordando que el corto plazo es miope y el interés inmediato lleva a la catástrofe. XAVIER CAMPRECIÓS