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Instrucciones para recorrer una supermanzana

Iniciativas como la de Barcelona implican una transformación tan necesaria como peligrosa

Instrucciones para recorrer una supermanzana

FERRAN NADEU

Una madre y su hija pasean entre la vegetación instalada en el centro de la calle de Almogàvers. 

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Domingo, 18 de diciembre del 2016 - 19:18 CET

Cuando te asalten sensaciones como «mucho ruido y pocas nueces», «esto es un desierto», «esto es una idea de bombero», «esto es muy cutre» o «esto es la bicoca», piensa que las supermanzanas son una transformación tan necesaria como peligrosa.

UNA TRANSFORMACIÓN RADICAL

1. Cuando te asalte la sensación de «mucho ruido y pocas nueces», piensa que la estrategia de las supermanzanas podría convertirse en la transformación urbana más radicalmente democrática que haya vivido Barcelona desde la creación del Eixample. La excepcional densidad de la capital catalana facilita la movilidad a pie o en bicicleta y permite dotarla de un transporte público eficaz pero, al mismo tiempo, provoca que sea mucho más vulnerable que otras urbes a los efectos del vehículo privado. Barcelona tiene 6.000 coches por kilómetro cuadrado —Madrid, 3.000; París, 1.500; Londres, 1.200—, que privatizan más del 60% del espacio público mientras que solo se usan en el 20% de los desplazamientos, provocan unos niveles de polución atmosférica muy superiores a los límites marcados por la UE y generan cada año más de 3.500 muertes prematuras. Hacer de Barcelona una ciudad más justa y sostenible pasa por reconquistar el espacio público invadido por el automóvil y entregarlo a los peatones, los ciclistas y los usuarios del transporte colectivo de superficie.

MONRA

LA VUELTA DE LA ACTIVIDAD

2. Cuando te asalte la sensación «esto es un desierto», piensa que el único cambio que ha habido en la supermanzana piloto es que ya no hay coches. Si echas de menos pequeño comercio o vida de barrio, piensa que esta carencia no es nada nuevo y que, precisamente, lo que la ha provocado es una prolongada concepción de las calles como meras infraestructuras de circulación y no como lugares compartidos de recreo, intercambio y sociabilidad. Ahora, es la repentina ausencia de coches lo que te permite detectar que falta actividad y desear que la haya. Además, esta ausencia puede ser el mejor fertilizante para que rebrote la vida de barrio.

3. Cuando te asalte la sensación «esto es una idea de bombero», piensa que las supermanzanas no son un invento nuevo. Aparte de que las ciudades han funcionado durante siglos sin el automóvil y que cada vez son más los ayuntamientos europeos que se proponen liberar sus calles de coches, piensa que las supermanzanas son un programa de largo recorrido con más de treinta años de antigüedad, tiempo durante el cual gobiernos de muy diferentes colores han preparando sus bases, como la Red Ortogonal de Autobuses (2012) o los primeros ensayos de supermanzanas en el barrio del Born (1994) y la Villa de Gracia (2005), que fueron muy polémicos al principio pero que hoy ya nadie osaría discutir.

Habrá que impedir que la pacificación encarezca el mercado inmobiliario y expulse a vecinos y comerciantes

4. Cuando te asalte la sensación «esto es muy cutre», piensa que Barcelona se ha pasado tres pueblos embelleciendo sus espacios públicos con unos niveles de acabado propios de un cuarto de baño de lujo que ni Berlín ni París ni Nueva York se hubieran podido permitir. Piensa que los elementos que ahuyentan el tráfico de la supermanzana constituyen una prueba piloto reversible, que no solo pretende transformar la ciudad sino también la manera de hacer ciudad —urbanismo táctico—. Incluso trata de transformar a la propia ciudadanía porque hace pedagogía y provoca debate, contribuyendo así a que vecinos impregnados de cultura NIMBY (not in my backyard) se conviertan en ciudadanos concienciados y con visión de ciudad. Ojalá acabe siendo así y no al revés, porque la supermanzana peligra cuando los descontentos, que siempre se han movilizado más que los satisfechos, consiguen que el bus circule por las vías pacificadas en detrimento de su propia velocidad comercial y de que los niños puedan volver a jugar tranquilamente en la calle.

EL PELIGRO DE GENTRIFICACIÓN

5. Pero, si te asalta la sensación de «esto es la bicoca», debes pensar que, a pesar de todo, las supermanzanas entrañan un grave peligro de gentrificación. Si la ciudad no es capaz de dotar a cada supermanzana de una buena proporción de vivienda pública y de pequeño comercio de protección oficial, todo el esfuerzo colectivo dedicado a pacificar el espacio público revertirá en beneficio del mercado inmobiliario o la industria turística y perjudicará a los vecinos y comerciantes con menos poder adquisitivo, que no podrán afrontar el aumento de los alquileres y se verán expulsados ​​del barrio. Nos lo demuestra la experiencia de las pacificaciones del Born, de la Villa de Gracia, de la calle de Enric Granados o del Portal de l'Àngel: después de décadas de masificación del vehículo privado, vivir en calles peatonales se ha convertido en un lujo muy deseado. Sobre todo en una ciudad que apenas alcanza el 1% de vivienda pública de alquiler dentro de su parque residencial total —mientras que París, Berlín o Londres superan el 25%—. Barcelona debe ser consciente de que necesita con urgencia más vivienda pública y menos vehículo privado y la estrategia de las supermanzanas es una oportunidad única para satisfacer ambas necesidades.