Manel Fuentes
Mariano Rajoy habla poco, pero poco a poco vamos conociendo el porqué de la estructura de su Gobierno. Ante el contrasentido de intentar que la economía crezca mientras recortamos para intentar el objetivo de déficit que marca Merkel, dos ministerios. Hacienda y Economía. Y dos ministros.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 07 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Montoro es nuestro implacable Eliot Ness en su lucha para combatir las desviaciones del déficit sabiendo que los números que le piden se acercan a la quimera. Su tono es aparentemente conciliador, pero detrás de esas gafas de montura verde, un Montoro responsabilizado y apurado a partes iguales es consciente del desaguisado que debe gestionar y de la imposibilidad de reducir en un año a la mitad nuestra desviación de déficit.
Luis de Guindos, en cambio, es el hombre de los mercados. Conocedor de que el sistema funciona mejor a veces con medias verdades, no dudó en asegurar que cumpliríamos con el 4,4% de déficit. Hombre de buenas maneras y gesto más nervioso que Montoro, sus palabras necesitan interpretación. La reforma que anunció el jueves, más que financiera, es inmobiliaria. Al exigir a la banca que provisione 50.000 millones de euros por la depreciación de sus activos inmobiliarios, lo que conseguirá Guindos es que salgan al mercado solares, promociones y pisos a bajo precio que condicionarán a la baja los del sector. Buen diagnóstico. Ese es uno de los tapones del crédito en nuestra banca. Además, la medida va a comportar más fusiones, porque va a haber asfixiados, y con ellas nuevas ayudas públicas. Por eso conviene destacar que hay varias cuestiones pendientes. ¿Salvando a todas las entidades, algunas por segunda vez, estamos construyendo un sistema más fuerte o debilitando a las sanas? En EEUU, el Gobierno entró en los consejos de administración de los bancos a los que prestó dinero y no solo les ayudó a ser viables, sino que al final ganó dinero. ¿Por qué aquí solo entramos como accionistas cuando las entidades están ya quebradas? Por cierto, ¿si Bankia no tuviera problemas, el PP habría hecho la misma reforma?