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Pau Noy Serrano

Los camiones y las carreteras

Pau Noy Serrano

Ingeniero industrial.

Histórica decisión en la N-2

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Martes, 23 de abril del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Así cabe calificar la medida liderada por el conseller Santi Vila de prohibir el tráfico de camiones en la carretera N-2 a su paso por la provincia de Girona y obligarles a circular por la autopista AP-7, donde no causan daño. Este tipo de decisiones valientes hubieran sido imposibles en el Govern tripartito de izquierdas. ¿Alguien se imagina a Joaquim Nadal tomando una medida racional de gestión en vez de proponer la enésima ampliación de una infraestructura, la especialidad gubernamental en aquella época de grandes fastos?

La respuesta a esta cuestión está íntimamente conectada con el culto hispano-catalán a las infraestructuras, las de transporte, por supuesto, porque las que no son de transporte al parecer suscitan escaso interés. Llegados a este punto, es determinante recordar que en los últimos 20 años España ha construido la más formidable red de infraestructuras de transporte de toda Europa, excepto en ferrocarriles de proximidad, sin que eso haya podido evitar la caída en la sima económica más profunda que se recuerda en años.

Las infraestructuras de transporte solo tienen efecto positivo sobre la economía cuando generan empleo, empleo sostenible, cuando tienen un elevado nivel de uso y cuando reducen de forma muy significativa el tiempo de desplazamiento. Además, deben contribuir a reducir la dependencia energética del petróleo, cuya factura es equivalente al 5% del PIB, una cifra coincidente con el déficit nacional por cuenta corriente y causante de la mayor parte de los problemas de financiación del sector público. Si no se cumplen esas cuatro condiciones, la construcción de una infraestructura de transporte solo beneficia a las empresas constructoras. Y por ese culto a las infraestructuras per se hoy tenemos vías de alta velocidad sin trenes, aeropuertos sin aviones y autopistas sin tráfico, convirtiéndonos en el hazmerreír de medio mundo.

Durante muchos años los gobiernos dijeron que el desdoblamiento era la solución a los graves accidentes de tráfico en la N-2, provocados mayoritariamente por camiones. Y no ha sido hasta que nos hemos quedado sin dinero que la Administración ha apostado por una medida racional de gestión como la de obligar a los camiones a circular por la autopista de peaje AP-7.

Por el camino, y debido a la inacción gubernamental en tomar esta medida, el tráfico de camiones circulando por una carretera que no estaba preparada para ello ha dejado un reguero de muerte y desolación en cientos de familias. Y todo porque el Gobierno toleraba que un grupo de camiones de tráfico internacional no estuviese dispuesto a pagar el peaje en España aunque sí lo hacía cuando, al cabo de poco, cruzaba a Francia, ya que a partir de la frontera la española N-2 se convierte en una carretera comarcal convencional y el Gobierno francés obliga desde siempre a los camiones a circular por la ruta más segura, la autopista.

¿Es injusto que los camiones paguen un peaje? En absoluto, es lo que recomienda la economía, la clásica y las más moderna. Tema distinto es a dónde va a parar el dinero del peaje, a la comunidad o a Abertis. Pero esta cuestión debe resolverse -porque se ha de solucionar- en otro foro de debate y con otro tipo de políticas públicas. La única forma de llegar al óptimo económico es internalizando todos los costes de funcionamiento. El transporte de camiones tiene en España unas elevadas externalidades o costes externos, unos 2.000 millones al año, que el sector no paga. Por eso la iniciativa del Govern de Mas de implantar la euroviñeta ha de ser bien recibida, aunque solo sea simbólica en una primera fase. Una iniciativa que el tripartito de izquierdas tampoco fue capaz de tomar por la oposición de los socialistas.

Pero, como dicen los castizos, a la fuerza ahorcan, y solo cuando no se ha podido mantener el pueril deseo de llevar a cabo infinitos desdoblamientos ha sido cuando se ha empezado a tomar medidas de gestión, las que desde hace una década se toman en toda Europa.

¿Sabe el lector los inconvenientes y el dolor que habríamos evitado si esta sabia decisión se hubiera tomado hace diez o veinte años? Desviar los camiones hacia la autopista AP-7 constituye una gran lección de sensatez y anuncia el final del delirio infraestructural en Catalunya. De España, poco se sabe, aunque el anuncio del Ministerio de Fomento de vertebrar un corredor ferroviario mediterráneo de Murcia a La Jonquera con una modesta inversión de «solo 1.200 millones», un proyecto que de forma ingeniosa va sorteando obstáculos para hacer llegar el ancho internacional a la capital murciana, puede significar el siguiente giro hacia la sensatez. Lejos parecen quedar los tiempos de las inversiones faraónicas. Hoy estamos más cerca de Europa.

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