Josep Maria Espinàs
Periodista y escritor
Escribo estas líneas cuando la temperatura, en mi barrio de Barcelona, es de tres grados. Tengo la impresión de que, en estos 35 años de artículo diario, nunca he escrito ninguno con el termómetro tan abajo.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 08 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los meteorólogos anunciaron este frío y el pronóstico se ha cumplido. A la manera catalana, naturalmente. Me explicaré. Catalunya es un territorio de orografía irregular, un puzle de piezas desiguales. No es como el Canadá, mayoritariamente llano y extenso, en el que una situación climática suele ser general. Conozco la experiencia de unos amigos. Querían salir de una ciudad, en coche, y aquella mañana nevaba. En el hotel les aconsejaron que no viajaran, porque a 500 kilómetros, donde tenían que ir, también nevaba. «Ya les avisaremos». Al cabo de cuatro o cinco horas les comunicaron que ya podían partir, porque a lo largo de aquellos 500 kilómetros no nevaría.
En Catalunya, con altitudes diferentes, valles y montañas, el clima puede cambiar cada 10 kilómetros. La previsión es mucho más difícil. Los meteorólogos no pueden -o no deberían poder- hacer afirmaciones demasiado rotundas. En Sabadell puede lucir el sol, y en Terrassa, caer granizo, por decirlo así.
En contra de algunas opiniones que he leído, yo pienso que nuestros meteorólogos, en general, aciertan bastante. Han anunciado temperaturas muy bajas y así ha sido. Han dicho que nieva y ha nevado. No en todas partes, pero no está mal. Como en Barcelona -cuando escribo estas líneas-- no hemos visto nevar, y como la capital es muy representativa, se ha creado una sensación de fracaso de previsión. Como si una previsión fuera una certidumbre.
El Govern tomó decisiones que en algunos lugares -donde no ha nevado- se han considerado exageradas y han provocado inconvenientes. Como fue considerada insuficiente la reacción de hace dos años. Debe de ser difícil adoptar las medidas exactas para responder a las diversas situaciones posibles. Y, naturalmente, hay quien se ve protegido por una decisión y quien se ve perjudicado. Y siempre encontraremos que, ante el riesgo atmosférico, se ha hecho poco o se ha hecho demasiado.
La meteorología no es una ciencia exacta. Digamos que es una información preventiva. Sus predicciones se cumplirán rigurosamente. Luego, según lo que haya pasado, habrá gente satisfecha y gente irritada. En cualquier caso, como norma, me parece prudente hacer caso. Más allá del derecho a quejarse.