Los datos que ha divulgado la FAO son contundentes: el precio de las materias primas alimentarias subió un 6% mensual en julio, lo que presagia un aumento del hambre en los países subdesarrollados. Otra cifra de la misma agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura certifica que el empeoramiento, de hecho, ya viene de los meses anteriores: a principios de este año las personas hambrientas en el mundo eran 925 millones, y ahora son 1.040 millones, más de las que había en el 2008. La posibilidad de una situación de emergencia en los próximos meses es, pues, elevada y es probable que asistamos a llamamientos de solidaridad para con los más desfavorecidos del planeta.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 10 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La sequía y otras adversidades meteorológicas en algunos de los principales países productores de trigo, maíz y arroz -con la consiguiente merma de las cosechas- es la explicación más inmediata del alza de precios. Pero no se pueden ignorar factores estratégicamente más importantes, como la creciente dedicación de zonas cultivables a la producción de biocombustibles, la adquisición de enormes extensiones de tierras fértiles por corporaciones financieras internacionales y la desnaturalización de una herramienta como el mercado de futuros alimentarios, que hoy favorece la especulación con los productos básicos. Pese a la crisis económica (o, quizá, con más motivo debido a ella), el mundo tiene la obligación de afrontar un grave problema.