El Periódico

JÓVENES SOBRE(SALIENTES)

Andrea Gómez y Anna Pacheco

Anna Pacheco y Andrea Gómez

Impulsoras del blog Jóvenes (sobre)salientes

Haciendo vídeos desde la facultad (mientras internet exista)

Los chicos de Haciendo La Mierda creen que "reflejan el fracaso de haber estudiado una carrera y acabar en un sofá acumulando cerveza"

Jueves, 3 de abril del 2014 - 15:58 CEST

Uno de los jóvenes de Haicendo La Mierda, Richi, fumando.

Richi, Ignasi, Llimo, David y Javi son periodistas. Bueno, más o menos periodistas. Un poco periodistas. Algo. En realidad no todos han acabado la carrera. Sólo alguno. Unos dos o tres tienen el título. Más o menos. Los otros no se acuerdan. Ninguno de ellos lleva una moleskine bajo el brazo, ni La Vanguardia, ni siquiera un bloc del notas. Dicen que no saben muy bien que edad tienen tampoco. Confirmamos que tienen 25 años (excepto Richi y Javi, los mayores, con 26).

Después de prolongar las presentaciones casi una hora se ponen serios, dejan a un lado las latas de cerveza de la mesa del comedor llena de polvo y se arrinconan en el sofá modo Simpson, família feliz. Empiezan a hablar sin dejar de mirarse ni soltar barbaridades. “Ahora, en serio, no creo que podamos aspirar a ser periodistas de referencia después de meter la cabeza dentro del baño. Esto de los vídeos nos está abriendo muchas puertas pero no las de El País precisamente”.

Los chicos de Haciendo La Mierda bebiendo cerveza.

El cuartel

Los chicos de Haciendo La Mierda nos han invitado a un piso que, en realidad, es El Piso, el famoso piso donde se graban los gags de humor duro de este grupo de periodistas, unos ‘rara avis’ de su especie. “Es porque estudiábamos en el turno de tarde de la UAB, y ya se sabe, eso es otra dimensión”. La justificación a sus desvíos mentales nos parece acertada. Seguimos. Estamos en el piso de Javi, uno de ellos. Porque no viven juntos, aunque lo parezca. Tienen un canal de Youtube con 40.000 suscriptores y 11.800 seguidores en Twitter. Y ahí está toda su gloria. Beben cerveza (ahora procuran controlarse), hacen vídeos, los editan y luego los cuelgan. Después miran los comentarios, tuitean, se recrean y celebran con palmadas cuando Berto Romero les hace un RT. Lo suyo es “hacer la mierda” que no es otra cosa que condensar en 3 minutos –o menos– diálogos que rebosan creatividad, surrealismo y grosería a partes iguales.

Casi siempre recurren a lo escatológico (“nos encanta”) y a un rollo bastante ‘hardcore’ al que alguna parte de la población siempre responde con un “a mi esto no me hace ninguna gracia” y, a la otra, parte le encanta. Con Haciendo La Mierda no existe término medio. Colaboraban en Visto Lo Visto TV –ahora ya no–, han hecho cosas con los Venga Monjas (se parecen un poco, sí, y los admiran, pero no son lo mismo); Ignasi es, además, guionista en el programa Fiesta Suprema de La 2; Llimo trabaja en La Segona Hora, de Rac 1, y, ahora la productora Zopa , les ha fichado, a todos.

“Hacer la mierda era una expresión que usábamos con los colegas en la uni, molt “cassolana” –comenta Ignasi, con un acento muy catalán– era como fracasar en algo. ¿Qué tal el examen? Hice la mierda. ¿Qué tal en Razz? Hice la mierda.” Richy se suma al debate del origen etimológico de Haciendo La Mierda y adopta una actitud de sabio profundo. “Lo que refleja de verdad es un poco el fracaso de haber estudiado una carrera y acabar en un sofá acumulando cerveza… ¿no?”. Busca la aprobación del resto. Todos se echan a reír y asienten convencidos como para darle la razón de todo. “Exacto, hemos tocado fondo, pero estamos cómodos ahí”, “el nombre no engaña”, “sacamos pecho de ello”, añade el resto, alargando y ahondando en la broma.

El inicio

Y ahí nace Haciendo La Mierda. Justo en ese momento, llámale precipicio, de acabar la carrera (con sus prácticas y su trabajo final) y darte cuenta que el futuro más inminente para un periodista recién titulado es la Nada. En mayúsculas. Muchos de ellos habían estado trabajando de becarios para algunas radios, Ona Sport, y en alguna emisora de música indie, por eso su idea inicial era crear un podcast semanal con contenidos bizarros para pasárselo bien y no aburrirse. Tenían mono de continuar haciendo radio, sí, pero la tontería se terminó pronto, al descubrir que hasta para montar tu ‘programita’ en una emisora de distrito (y eso que solo te va a escuchar tu abuela) te piden cosas, muchas cosas, muchos requisitos, prohibido grabar en directo y, lo más importante, DINERO: a 15 euros por cabeza. Y eso para la economía de un veinteañero sin trabajo es igual a muchos kebabs, muchos congelados de La Sirena y muchas birras del paki (se comenta que en el paki de abajo ya los saludan y tienen un frigorífico a su nombre).

Así que se olvidan de la idea del podcast. Pasan de la radio a un Canal de Youtube. Llimo se lanza: “¿y si hacemos vídeos?”. Y todos ven la luz y dicen que sí. En realidad, no era nada nuevo para ellos. Llimo era el típico que ya recopilaba vídeos de algunas noches de fiestas universitarias y hacía montajes ‘cutres’, pero que a la gente les hacía mucha gracia. Internet les da la vida. “Internet es la forma que tenemos de hacer las tonterías que hacemos y que nos gustan, sin censura y es casi gratis”, comentan. “Es que Internet incluye ver series, pelis, música, porno. Internet incluye todo. Es mejor que la vida. El día que se pueda fumar en Internet ya está”, añade Ignasi. Están tan de acuerdo que, de repente, se olvidan que estamos ahí. Y empiezan a seguir estirando de la idea de Internet como un Todo, de la posibilidad de fumar dentro de Internet, de que los cigarrillos electrónicos sean, en realidad, eso: fumar (dentro) del ordenador. Se ríen fuerte. “Estamos cerca, estamos llegando a esa realidad”. Esto lo dicen muy serios. [Nosotras nos sentimos dentro de uno de sus gags].

Camino a la profesión

Pero vuelta a la realidad. Que ellos, cuando quieren, pueden ser tipos muy serios. De hecho, reconocen que se están profesionalizando lo que, en su caso, quiere decir que si antes se trincaban seis latas de cerveza y grababan “lo que salga” ahora se toman una, o dos, pero detrás hay un guión y un plan mucho más elaborado. “Es que al principio acabábamos con un dolor de cabeza importante”, cuenta Llimo, que las pasaba realmente mal para editar (léase, salvar los vídeos) y disimular los efectos de una alegría muy desmesurada. Los gags de ahora siguen teniendo sus dosis de improvisación (el All In fue improvisado total, por ejemplo, o el genial de Enterpreneurs de Richy, también), pero ahora hay ideas mucho más trabajadas, más ensayadas. Tienen un grupo de Whatsapp compartido (¿os imagináis lo que debe de ser eso?) y a partir de ahí, día a día, piensan cosas, dan forma a los temas y quedan para grabar, al menos, un día a la semana.

También les gusta ver los comentarios de la gente en Youtube [hay gente muy loca y nunca faltan los ofendidos], pero en general la gente se lo toma bien. En realidad, que consiguieran salir ilesos y victoriosos después de la parodia al señor Mr. Wonderful tiene su mérito. “El tío se lo tomó bien y por Twitter hizo un poco de coña y todo”, nos explican. Eso sí, alguna gente de internet se lo creyó todo de verdad todo, como si lo de Richy versión gafapasta hablando de ‘emprender’ y de cosas positivas, fuera real. Sólo hay que mirar algunos comentarios en Youtube para leer gente preguntando que cuánto cuesta una taza o indignados preguntándose “este tío de qué va y qué hace con lo que gana”.

“Esto ha sido como lo del 23 F de Jordi Évole, ha colado, hemos hecho un falso documental sin pensarlo, tíos”, se muestran orgullosos y contentos. Y siguen hablando de los fans y los comentarios. Dicen que los leen de pe a pa, aunque es imposible contestar a todo el mundo: los que les dan más rabia son los de esa gente odiosamente nostálgica. “Antes erais mejor”, ponen voz de imitar. “¿Cómo qué antes? ¡Si tampoco llevamos tanto tiempo para tener un antes!”. Ellos tienen claro que los gags de ahora (dos años después de enzarzarse en todo esto) son mucho mejor que los del principio, porque lo cutre tenía su gracia, vale, pero ahora tienen cámara nueva y mejores guiones.

Compaginar el trabajo de todos es lo complicado, Javi trabaja de recepcionista en un hotel, por la noche, y Richy, ya ha descartado la idea esa loca de ser periodista, así que ejerce de “camarero orgulloso”. Ignasi está en un programa de La 2 mientras que Llimo trabaja en Rac 1. Lo ideal sería vivir de hacer la mierda, pero incluso para ellos la frase junta les parece un auténtico oxímoron. Vivir-de-hacer-la-mierda. “Los vídeos de Youtube no nos dan nada o muy poco”, murmuran. “Si hacemos el balance de lo que hemos dado a la serie, contando equipo técnico y birras, que hemos comprado con nuestros ahorros, está claro que el balance es muy malo.

Ingresos

El objetivo no es vivir de Youtube. Nunca nos lo hemos planteado así”. Pero, a raiz de eso, sí que han ido saliendo cosas puntuales, trabajos como guionistas, o el fichaje para Visto Lo Visto TV. Y, sobre todo, se han dado cuenta que se quieren dedicar a temas de humor tipo el Intermedio (de La Sexta) o seguir el paso del algunos de sus referentes locales, como los Venga Monjas, Pepe Colubi, Loulogio, Mr. Jägger, Vincent Finch, Auron Play o Polinada. También les gustan humoristas de fuera como el actor y guionista Jim Jefferies “que, después de Ricky Harris, ha roto el orden establecido, tiene un tipo de humor borracho, muy negro, incluso machista, cosas que aquí dan miedo y ofenden, pero que sin embargo en el exterior parece que no tanto.

A lo mejor hay que ofender a alguien para hacer cosas que valgan la pena”, explica Ignasi. A ellos les gusta eso. La exageración hasta los límites, jugar duro, lo negro, con el “El postureo más rudo” –el vídeo, éste sí, que lo petó, con más de 100.000 visitas– tenían un poco de miedo de recibir alguna que otra paliza. De algún argentino, por ejemplo. “¡Eh! Pero que tenemos un montón de fans de Latinoamérica con lo que nos pasamos a veces con ellos…”. Pero todo es desde el humor. Que nadie se ofenda.

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