Los griegos tenían ganas y motivos para castigar a los partidos que han dominado la escena política durante décadas y que, incapaces de ejercer un Gobierno eficaz, han hundido al país en la peor recesión de su historia. El cuerpo también les pedía rechazar la feroz austeridad impuesta por la UE y el FMI y plantar cara a las amenazas del ministro alemán de Finanzas. Todo lo ocurrido en las elecciones del domingo estaba anunciado: que los socialistas se hundirían, que los conservadores encogerían varias tallas, que la izquierda radical sería muy atractiva, que el voto se fragmentaría en un sinfín de grupos y grupúsculos de todo tipo y que los neonazis entrarían en el Parlamento.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 09 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Pero ¿ahora, qué? Ante los resultados, la tarea de formar una mayoría capaz de gobernar se presenta llena de obstáculos. Será tarea ímproba lograr una coalición, y es más que probable que nazca condenada a la inestabilidad. Los griegos han votado a la contra, pero con la atomización no está claro a favor de qué lo han hecho. Hoy el saneamiento de sus finanzas se aleja, no hay un proyecto alternativo para enderezar el país y la presencia de los neonazis abre las viejas heridas de la guerra civil durante la ocupación nazifascista, unas heridas que nunca han cicatrizado del todo. No es de extrañar, pues, que ya se hable de nuevas elecciones dentro de pocas semanas. Esta especie de segunda vuelta debería dar la ocasión de votar en positivo.