La semana pasada, el president Mas y Pere Navarro se reunieron para hablar del pacto fiscal. Es un capítulo más de la política catalana, de los que exigen sentido de Estado, ambición colectiva y disposición a ceder en beneficio del acuerdo. En los últimos años ha habido en Catalunya momentos que requerían Política con mayúsculas. La trascendencia de lo que estaba en juego era indiscutiblemente superior a cualquier interés táctico de los partidos. Son momentos que exigen pensar más allá de la última -o la próxima- encuesta de opinión y trascender la irritación o el placer fugaz provocados por el titular del día siguiente. Son momentos que reclaman discreción, generosidad y capacidad de renuncia en aras del valor estratégico de lo que se pretende conseguir. La elaboración y tramitación del Estatut supuso uno de esos momentos. La negociación del sistema de financiación, otro. La reacción a la sentencia del Tribunal Constitucional, también.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 01 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Y ahora estamos ante la amenaza de esterilización autonómica con la excusa del déficit y la asfixia económica ilegal de una Catalunya exhausta y al borde de la quiebra. Los ciudadanos esperamos sentido de Estado de nuestros políticos. Los presidents Maragall y Montilla no lograron sumar al frente negociador al principal partido de la oposición. Las consecuencias del fracaso fueron muy negativas para Catalu-
nya. El president Mas, recordando qué hizo CiU en el pasado, tiene la obligación de intentar sumar al PSC al frente negociador por el acuerdo fiscal. Y el PSC de Navarro deberá decidir si quiere jugar de titular en la centralidad de la política catalana o calentar en un rincón en el noreste de la política española. Las urgencias políticas del pasado son, hoy, emergencia social por el drama de la crisis. Si los partidos no dejan de pensar en el hoy, si siguen jugando a la pequeña política, estarán hipotecando la Catalunya de mañana.