Tristemente España vive una inmensa crisis económica, aunque hay otras crisis (además de la de valores) también muy profundas y que inciden en aquella que es la punta del iceberg. Me refiero a la tercera gran preocupación ciudadana: sus políticos. Si siempre tuvieron mala imagen, recientemente se ha acrecentado muchísimo, con gran deterioro de la credibilidad y la ética que afecta, incluso, a la legitimidad de las instituciones.
Información publicada en la página 20 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 12 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Que junto a la situación económica de las familias y el enorme y creciente desempleo, nuestro tercer problema sean los dirigentes públicos es muy alarmante. Y aún más lo es la nula preocupación de estos por el deterioro de la calidad democrática en nuestro país. Pero hay algo aún más perverso: que la falta de ética pública es también una de las causas que hacen que nuestra crisis económica sea muy honda.
ANTES SE ATRIBUÍA toda la culpa al anterior presidente del Gobierno. Cometió graves errores, sobre todo ocultar la realidad, pero cada día negativo era criminalizado por ciertos medios y el líder de la oposición. Aquel ya no está y desde hace seis meses hay otro, pero la crisis es muchísimo más profunda. Afortunadamente, este no recibe el mismo trato. Además, de seguir excusando sus incumplimientos por la herencia y la vaga apelación al «interés general» para eludir todas sus promesas, ahora descubren que hay causas exógenas. Las culpas son de otros. Pero entre las razones del naufragio económico del país, está el desastre de una dirigencia que trata a los ciudadanos como estúpidos, con engaño e impunidad. Pero dos elementos cualifican nuestra crisis: el despilfarro territorial y el sistema financiero.
Respecto a lo primero, el sistema descentralizado ha sido bueno para España, El modelo autonómico ha sido positivo por lo que supone de respeto de identidades, como elemento de progreso y porque en este tiempo, han disminuido las diferencias entre regiones. Otra cuestión son los indudables errores y excesos que hay que corregir. Creamos un Estado excesivamente complejo donde las duplicidades y las disfunciones han erosionado el sistema. La crisis actual da alas a quienes nunca creyeron en el sistema constitucional de las autonomías y aprovechan ahora para propugnar no ya criterios racionalizadores (se hizo en Alemania en una gran reforma, consensuada, claro) sino planteamientos muy centralistas y de desprecio hacia la realidad plural que es España.
Sobre los efectos del gran crac económico, lo demoledor ha sido el comportamiento de muchos dirigentes territoriales de todos los partidos que han despilfarrado grave e impunemente lo que tenían y lo que no tenían. La clase política autonómica se reproducía como setas, igual que organismos y empresas, creando también una subcasta local que ha incurrido en enormes irresponsabilidades. ¿Los dirigentes de Génova y Ferraz hacían algo? Sí: solo censurar al contrario y proteger a los propios aunque fuesen unos golfos.
El otro elemento de nuestra peculiar crisis es el sistema financiero. Son obvias las espléndidas relaciones y la complacencia de los gobernantes con los banqueros que siempre bendicen al poder y, a cambio, este permite grandes ganancias con productos tóxicos y, si es preciso, se les indulta (Banesto). Pero además hay algo distorsionador: las cajas de ahorro. Estas han sido utilizadas sin recato por la clase política ocupando cargos, concediendo favores y créditos y haciendo una gestión penosa.
El gran daño de los políticos jugando con instituciones financieras donde el poder económico y el político viven amancebados creó otra burbuja (junto a la inmobiliaria), cuyo estallido ahora es fruto de la complacencia de los máximos dirigentes nacionales. Ahora todo se tambalea, pero siguen ofendiéndonos a los ciudadanos. No dan explicaciones ni piden perdón y ni exigen responsabilidades. ¿Cómo van a hacerlo si son compañeros que van a los congresos del partido y colocaban a familiares y más políticos? Incluso se llevan cuantiosas indemnizaciones y el Gobierno inyecta dinero de la UE que pagaremos todos sin pedir responsabilidades ni explicar nada.
PERO ESTO, la corrupción, no solo retrata a los políticos (y mientras los honestos, silentes y aguantando), aunque este cáncer está bastante más extendido y ha contaminado a todas las instituciones. Desde la jefatura del Estado y una familia real cuyos graves y varios errores y sombras ennegrecen un pasado noble y erosionan su valor. El Consejo General del Poder Judicial cuyo descrédito por la actuación sectaria de los partidos y las asociaciones judiciales se ha erosionado, aún más, gracias a su expresidente. Qué decir del Tribunal Constitucional, cuyo brutal ataque para controlarlo causó un irreparable deterioro. Se habla de un anteproyecto de ley de transparencia. Bienvenida aunque sea muy limitada. Las leyes no arreglan los problemas sino que pueden encubrir la falta de reacción. Sin actitudes firmes y muy diferentes a las expuestas todo es inútil. Hasta ahora ni Ferraz ni Génova las han tenido. Faltan liderazgos, coraje y pedagogía. Cambien, pues también en esto nos han construido un país que sufre y desprecia su actuación.
Exdiputado del PP.