El Periódico

LA INFORMACIÓN ALIMENTARIA

María José Plana

Codirectora del Máster en Alimentación, Ética y Derecho (MAED) de la UB.

Las etiquetas de los alimentos nos dicen lo que queremos oír

Como consumidores y ciudadanos debemos ver más allá de atractivos reclamos que nos permiten ir a casa con la conciencia tranquila

Las etiquetas de los alimentos nos dicen lo que queremos oír

REUTERS / STEFAN WERMUTH

Carro de la compra lleno de productos en un supermercado.

Martes, 18 de abril del 2017 - 18:36 CEST

Los ciudadanos están cada vez más interesados y preocupados por la seguridad y la calidad de los alimentos, así como por el valor nutricional y el impacto ambiental que acarrea su producción. Por ello, las etiquetas ya no incluyen únicamente la información que la legislación exige (como la lista de ingredientes o la cantidad neta que contiene el envase) sino que suelen aparecer reclamos publicitarios que hacen más atractivo el producto. 'Perfecto para una cena en familia' o 'una merienda divertida' son buenos ejemplos de ello, pero también menciones como 'rico en calcio', 'bajo en sal', 'ingredientes 100% naturales', 'ecológico' o 'país de origen: España'. ¿Somos conscientes de que tales mensajes son comunicación comercial cuyo objetivo es conseguir la venta, o los confundimos con información desinteresada?

Para contrarrestar la influencia de estos reclamos en la decisión de compra y proteger el derecho de los ciudadanos a una información completa, la normativa europea da una estricta definición legal a estos términos. Sin embargo, con demasiada frecuencia, dicha definición no coincide con la que utilizan los ciudadanos. Eso no solo puede llevarnos a pagar más por un alimento que no cumple con lo preveíamos, sino que fomenta la desconfianza tanto en las empresas del sector como en las autoridades que se encargan de protegernos.

LAS JORNADAS LABORALES

A menudo se oye: «nos han engañado, han hecho trampas, nos ocultan la realidad...» Pero no nos engañan, solamente nos dicen lo que queremos oír. Quisiéramos comer de forma saludable y alimentarnos minimizando el impacto de nuestra dieta en el medio ambiente. En una sociedad con jornadas laborales eternas y constantes prisas, estos reclamos son atajos que permiten decidir rápidamente qué alimento llevarnos a casa, aunque sea por razones equivocadas. Los ejemplos hablan por sí solos.

Si bien podríamos suponer que el país de origen de un producto es aquel en el que se lleva a cabo su proceso de producción y obtención de materias primas, la legislación actual considera en la mayoría de casos que un producto alimenticio es español independientemente de dónde se hayan obtenido los ingredientes si parte del procesado se lleva a cabo en España.

Un alimento 'bajo en sal' puede tener más azúcares que otros productos similares

Los términos 'eco' o 'bio' resultan también confusos pues a menudo se analizan supuestas diferencias entre ambos tipos de producción cuando, según la ley, son sinónimos. No hacen referencia –como podríamos suponer e indica la RAE– a que se trate de alimentos no perjudiciales para el medio ambiente, sino que se caracterizan por no usar ingredientes sintéticos o limitar los pesticidas en su producción, o por el respeto de medidas concretas de bienestar animal. ¿Sabemos que un entrecot ecológico no tiene por qué ser más sostenible que uno normal, pero que proviene de ganado criado con mejores condiciones que la mayoría?

OPCIONES DE ALIMENTACIÓN SALUDABLE

Para aquellos preocupados por asegurarse opciones de alimentación saludable: los productos 'light', 'rico en calcio' o 'bajo en sal', legalmente, no tienen por qué ser más saludables que los que no incluyen estos reclamos en su publicidad. La ley obliga a cumplir unas condiciones de uso específicas para usar estas menciones (por ejemplo, un producto 'bajo en sal' lo es si no contiene más de 0,12 g de sodio, o el valor equivalente de sal, por 100 g o por 100 ml) pero no se ocupa de cómo se ha conseguido. Así, un alimento bajo en sal puede tener más azúcares que productos similares; aspecto que no se destaca de ninguna manera en la etiqueta y que solo descubriremos si comparamos la tabla de información nutricional con la de un producto similar.

Las etiquetas solo transmiten información positiva y distraen a menudo de la realidad del sistema alimentario

El cumplimiento de la ley, paradójicamente, no garantiza información adecuada y, como consumidores y como ciudadanos, estamos obligados a ver más allá de estos atractivos reclamos que permiten irnos a casa con la conciencia tranquila. Si llevamos la reflexión un paso más allá, nos daremos cuenta de que las etiquetas transmiten únicamente información positiva del alimento y distraen a menudo de la realidad del sistema alimentario actual. Alimentos ecológicos llegados en avión desde países lejanos, etiquetas que reflejan el alto contenido en hierro pero que ocultan el alto contenido en azúcar, animales hacinados en granjas ultramodernas pero en condiciones que repugnan al más pintado… ¿Y para cuándo en las etiquetas, además del número del huevo, otro que indique las condiciones laborales de los trabajadores?