Tras la suavización de la prima de riesgo estas últimas semanas, todo sugiere que nos encontramos a las puertas de una nueva etapa. Pero no se fíen de las apariencias: ni en junio nos prometieron todo lo que creímos entender, ni lo que el BCE propone será tanto.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 18 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Comencemos por la cumbre europea de junio. Entonces Merkel pareció vencida, y Rajoy, Monti y Hollande, los triunfadores, con un eufórico Rajoy coreado por toda la prensa del país y presumiendo de que el fondo de rescate europeo salvaría a la banca española sin elevar la deuda pública. Que ello estuviera vinculado a que el BCE tomase el control de la banca europea parecía, entonces, un aspecto menor.
LAS DISTINTAS interpretaciones del acuerdo se tradujeron, ya en verano, en nuevas alzas de los tipos de interés y las primas de riesgo, hasta el punto de que Draghi tuvo que anunciar que el BCE estaba preparado para hacer lo necesario para salvar el euro. Su propuesta, un programa de compra ilimitada de deuda a corto plazo siempre que los países que solicitaran esta ayuda hubieran demandado el rescate a la UE, supuso el punto culminante de ese proceso. Además, en septiembre el Tribunal Constitucional alemán sentenció que la participación de Alemania en el fondo de rescate europeo (MEDE,
con 190.000 millones) era compatible con la máxima ley alemana. Así, desde mediados de septiembre vivimos en el limbo, donde el fuego de la prima no quema tanto pero en el que tampoco estamos a salvo. Esperando que Merkel dé el visto bueno a las iniciativas de Rajoy. Es decir, esperando a Godot.
¿Qué es lo que retiene la petición de rescate? Varios aspectos que se entrecruzan. Primero, el rescate bancario. Este se ha retrasado por el pulso alemán por conseguir que las ayudas bancarias del MEDE tengan el aval del Estado español. Merkel y Schäuble insisten en que la intervención directa del MEDE en la banca solo será para futuras crisis bancarias. Es decir, Alemania presiona para que la inyección de recursos europeos en nuestro sistema financiero se canalice del MEDE
al FROB y compute como deuda pública. Con ello gana garantía de cobro ante su opinión pública, contraria a usar su dinero para salvar los errores de la banca española. Y, al elevar la deuda pública española, presiona sobre las reformas y los recortes en España. Una presión que considera imprescindible dado nuestro historial.
Además, las autoridades alemanas marean la perdiz con la unión bancaria. Primero, afirmando que no era posible que el BCE intentara fiscalizar a toda la banca europea y, posteriormente, postulando que, incluso para controlar a los bancos más importantes, se va a necesitar tiempo, de forma que no estará operativa hasta el 2014. Significa que la ayuda del MEDE computará como deuda pública, sí o sí. Finalmente, todavía no hay acuerdo sobre la valoración de los activos inmobiliarios que irán al banco malo. El MEDE exige la emergencia de más pérdidas inmobiliarias de las que Guindos y la banca española desean. Quizá los 40.000 millones de euros en que se cifró la ayuda queden cortos.
Además del bancario está el rescate parcial, o total, de la economía española. Ahí la posición alemana es también muy compleja. Por una parte, quiere evitar que un salvamento parcial y suave de España sirva de molde para definir las ayudas que puedan necesitar Italia, seguro, y Francia, quizá. La unanimidad con la que el Parlamento francés ha rubricado el paquete fiscal que aprobó Sarkozy, y los esfuerzos de Hollande y su primer ministro Ayrault para conseguir el apoyo de la mayoría gubernamental a este acuerdo expresan las incertidumbres sobre el futuro francés. Y los temores que su situación suscita. Además, Alemania no quiere quitar presión a Italia, lo que indirectamente podría suceder si solo se interviniese a España. Dado que cualquier salvamento, de acuerdo con el fallo del Constitucional alemán, debe ser aprobado por el Bundestag, Merkel pretende que se presenten todos de golpe: Chipre, Eslovenia, España, quizá Italia, lo que también presiona en retardar la petición española de rescate.
¿Qué hará el BCE cuando España, finalmente, lo solicite? No esperen demasiado. Su historia no avala una intervención masiva, como tampoco la avala la oposición del Bundesbank y la presión alemana para que no se ceje en las reformas en los países con problemas. Probablemente el 2013 vaya a contemplar una reducción de las primas de riesgo, pero no será radical. En lo sustancial, nada ha cambiado. Ni Monti ni Hollande ni Draghi han tomado las riendas de la salida de la crisis. Si quieren saber los próximos pasos, pregúntenle a Merkel. Ella ha vuelto a mover ficha: Schäuble presentará hoy en el Consejo Europeo nuevas propuestas para vetar los presupuestos de países que no cumplan. Berlín continúa mandando. Lo dicho: el eterno retorno. Catedrático de Economía Aplicada (UAB)