«El meu país és aquell que quan jo dic 'bon dia' em responen: 'bon dia'», decía Josep Pla. Pero en catalán hay muchas maneras de decir la misma cosa y por eso este camarero atramontanado ha salido al rescate de palabras, frases hechas y locuciones del habla propia de Llançà (Alt Empordà) y las ha reunido en el libro Recull casolà, un volumen de 350 páginas que va por la segunda edición. (Nota: esta entrevista se realizó originalmente en catalán).
Información publicada en la página 76 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 23 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-«Caluix, cardalús, tarlà, toliu, toliajis, plantofiu, pascàs, passerell, tòtil». Todas estas palabras quieren decir lo mismo: «inocente».
-Para encontrar palabras jugosas hay que aguzar mucho el oído. Lo ideal es escuchar hablar a la gente cuando tropieza, cuando discute... En estas situaciones es cuando sueltan palabras a gusto.
-Usted siempre ha escuchado a las personas mayores.
-Cuando era pequeño no había muchas distracciones: el fútbol, la bici o estar en casa de los abuelos. Yo pasaba horas en el huerto con mi abuela Cinteta mientras ella tejía calcetines, y con la abuela Aurora, que nunca agotaba las canciones, cuentos y rondallas. El libro es fruto de escuchar durante años el habla cotidiana de la gente.
-La que no sale en el diccionario.
-La riqueza lingüística y los dialectos están desapareciendo y ni todos los diccionarios ni los recursos que hay en internet pueden parar este proceso. ¿Sabe por qué? Porque la lengua la hace la gente. Y si no podemos despertar en los jóvenes el gusa-nillo de la curiosidad por las palabras estamos vendidos. Acabaremos hablando todos este ñañañá monocromático del catalán normativo.
-¿Qué le pasa al catalán normativo?
-Hasta los años 70 el catalán resistió al castellano y ahora el enemigo está en casa. Esta idea centralista de cómo hay que hablar el catalán, este estándar que usan los medios y las escuelas, nos matará, no deja margen para mantener viva la lengua de los pueblos. ¿Por qué hay maestros que corrigen a los niños por escribir tomata o tomàtiga en lugar de tomàquet? ¿Es que no miran el diccionario?
-Usted es un guerrillero dialectal.
-A veces he colgado carteles para recordar a la gente nuestra manera de decir una cosa. Por ejemplo, nosotros siempre hemos dicho greixons en lugar de llardons (chicharrones). ¿Por qué ahora todo el mundo tiene que decir llardons? No pretendo que hablemos como en los años 30, pero tenemos que proteger lo nuestro, porque si no se perderá; en cambio lo normativo no se perderá nunca.
-Parece enfadado.
-De hecho, el libro nace de un berrinche. Me dolía que me corrigieran al hablar: «Esto no se dice así». ¡Ya está bien de decir que no hablo bien el catalán! Un día me cabreé, fui al diccionario y me di cuenta de que muchas cosas las decía bien. Así surgió el libro, por pundonor.
-¿Tiene estudios de filología?
-¿Yo? Yo acabé la EGB y gracias; mis notas de lengua eran una birria. A los 15 años me puse de camarero y hace 35 que trabajo en el restaurante La Brasa de Llançà. De hecho, me excuso en mi ignorancia para decir lo que digo. Ya vendrán los científicos de la lengua a corregirme.
-No se lo ha puesto fácil. ¡En la bibliografía dice que consultó 35 diccionarios y un centenar de documentos!
-Y no ha sido copiar y pegar, ¿eh? ¡Los he leído todos! «Como eres camarero, todos te discutirán las cosas y te meterás en un fregao», pensé. Por eso, en lugar de limitarme a apuntar la palabra y su significado, busqué en todos los lugares posibles donde pudiera aparecer aquella palabra, desde la Enciclopèdia Catalana hasta el Alcover-Moll (catalán-valenciano-balear) o un libro de Josep Pla.
-Y todo mientras servía mesas.
-La hostelería son muchas horas. Mi mujer me reñía a voces porque me levantaba de madrugada y me acostaba tarde para terminar el libro.
-¿Se enamoró de alguna palabra?
-De muchas. Hay una que me encanta: llongada. Es la arena dura sobre la que corren en Carros de fuego. Ya casi no se usa y no recuerdo si aparece en el diccionario normativo.
-Vamos a verlo, aquí tengo el diccionario del Institut d'Estudis Catalans: llomera, llondro, llong... ¡llongada! Dice: «Franja de arena que mojan las olas del mar».
-¿Lo ve? Aun siendo una palabra normativa que seguro que se usa en otras partes de Catalunya (pocas palabras son exclusivas de un pueblo) nos la corrigen. ¿Usted la conocía?
-La verdad es que no.
-¿Ve como no hablamos tan mal?