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Correrías de niños. Fuego de dragón. Sorpresas en cada esquina. Goterones de sudor. Miradas de admiración. Sonrisas henchidas de satisfacción. Música en todos los rincones. Parejas nuevas y viejas paseando de la mano. Encuentros inesperados. Vestidos para el baile. Guiños bajo las estrellas. La calzada, un gran comedor. Y, como siempre, el sol inclemente de agosto. Este año, sin riesgo aparente de tormentas de verano.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 17 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
De nuevo, Gràcia. De nuevo, las calles convertidas en escenario. Y los vecinos erigidos en directores, guionistas y actores del teatro de los sueños. Una ilusión que viaja de padres a hijos. Un legado dictado por la voluntad y la solidaridad, trenzado durante las largas noches de invierno y alumbrado en el tórrido verano. La gran representación ya ha empezado. La magia de aunar el esfuerzo y la ilusión de tantos para ponerlos al servicio de todos ya es una realidad. Tras cada detalle, unas manos cuidadosas. Tras cada palmo de decorado, la suma comprometida de muchos empeños. En cada acto, un conjuro a las risas, la alegría y la esperanza. En cada paso, un corte de mangas al desánimo y al cansancio.
Por unos días, las inquietudes se adormecen, arrulladas por las voces y la música. Por unos días, el latido de Gràcia se impone. Barcelona sonríe ante el espectáculo y se prepara para la añoranza de cuando baje el telón. Si el espíritu de Gràcia perdurara…