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Los jueves, economía

El espejo portugués

La experiencia de nuestros vecinos dice que da lo mismo ser un buen o mal alumno de la austeridad

Jueves, 27 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ANTÓN COSTAS

¿Puede la forma en como están gestionando la crisis nuestros gobiernos acabar rompiendo la sociedad, es decir, quebrando la cohesión social y política? Si es así, ¿cuál es el factor que determina el riesgo de esa ruptura? Si pudiéramos tener respuesta a estas cuestiones contribuiríamos a evitarla.

LEONARD BEARD

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Información publicada en la página 11 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 27 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

En los últimos días he tenido la ocasión de participar en dos debates en que se trataron ambas cuestiones. El primero tuvo lugar en Barcelona, en el ciclo de la Fundaciò Ernest Lluch 10 diálogos para la reforma económica y la cohesión social. Los organizadores nos preguntaron en qué medida la política de austeridad y reformas puede afectar a la cohesión social y política.

No es fácil definir lo que es cohesión. Una forma es fijándose en la desigualdad, no solo de ingresos, sino también de acceso a bienes básicos para una vida decente como es el empleo, la educación, la sanidad o las pensiones. Si la desigualdad aumenta, en algún momento afectará a la cohesión de un país.

Desde esta perspectiva, no tengo duda de que la forma en cómo están gestionando la crisis nuestros gobiernos -tanto el de Madrid como el de Catalunya- está teniendo un impacto tremendo en la desigualdad. Tanto es así que cuando veo las cifras me cuesta aceptarlas y pienso, por un momento, que están mal. Pero las cifras están bien. La cuestión es saber cuándo esa desigualdad acaba afectando a la cohesión.

Al acabar el debate se me acercó una mujer joven. Era licenciada en filología y estaba en paro. Había desistido de buscar trabajo en su profesión para buscar cualquier otro. Pero ni así. Me dijo: «¿Quiere saber cuándo se rompe la cohesión? Cuando se pierde la esperanza. Y yo ya la he perdido».

Una segunda pista de que la pérdida de esperanza puede ser el factor determinante surgió en el segundo debate. Tuvo lugar en Lisboa el lunes. La presentadora de un conocido programa de televisión, Pros e contras, la prestigiosa periodista Fátima Campos Ferreira, reunió a portugueses y españoles. Una de las cuestiones fue si la austeridad puede afectar a la democracia.

El momento es muy oportuno para plantear esa cuestión. Hasta ahora, Portugal ha sido un alumno disciplinado de la política de austeridad salvaje impuesta a las clases medias, trabajadores y pensionistas como contrapartida al rescate de 78.000 millones de euros, de mayo del 2011, para que Portugal pueda seguir pagando la deuda a los prestamistas.

Durante el último año y medio los portugueses han aceptado estoicamente el empeoramiento de sus condiciones de vida como consecuencia de aumentos de impuestos, caídas de salarios, pensiones y pagas extras, y del aumento del paro. Todo ello para escapar al estigma griego y con la esperanza de que los sacrificios valieran para algo.

Pero esa esperanza se quebró de forma inesperada el pasado día 7. Ese día, el jefe del Gobierno anunció una nueva vuelta de tuerca: un aumento general de 7 puntos de la cotización de los trabajadores a la seguridad social y una reducción de 5,7 puntos en la de las empresas. Es decir, un impuesto oculto que reduce en 7 puntos los salarios para transferírselos a las empresas con el argumento de aumentar la competitividad.

Todos en Portugal vieron esa medida como algo socialmente injusto y económicamente ineficaz. La gente perdió de pronto la esperanza en la eficacia de su esfuerzo y salió masivamente a la calle. El Gobierno ha tenido que retroceder. Pero mi impresión es que algo relacionado con la cohesión se ha roto y que las cosas ya no volverán a ser lo mismo en el país vecino.

Lo ocurrido en Portugal es importante para nosotros, tanto en Catalunya como en el resto de España. Ahora que en nuestro país se levantan voces, especialmente desde el sector financiero, exigiendo a Mariano Rajoy que pida ya un rescate, Portugal es un espejo en que pueden verse las consecuencias de que sean de nuevo las clases medias y trabajadoras las que soporten las condiciones de un rescate. Probablemente, los que lo reclaman lo hacen sabiendo que ellos no tendrán que pagarlas.

El espejo portugués nos dice claramente que da lo mismo ser buen que mal alumno de la política de austeridad. La realidad es que la austeridad por si sola, sin crecimiento, no funciona. Y no solo eso: al romper la esperanza de la gente quiebra la cohesión.

No sé en qué grado esta pérdida de esperanza provocada por una mala gestión económica de la crisis ha podido influir en el aumento del sentimiento independentista en Catalunya. Es posible que muchas personas no independentistas por patriotismo hayan comenzado a ver en la independencia un proyecto esperanzador para su bienestar, aunque sus resultados sean también inciertos. Pero esta es otra historia. Catedrático de Política Económica (UB).

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