Gemma Tramullas
Periodista
Quedamos frente al nuevo Café de la Pedrera. «Me reconocerá enseguida -dice-. Voy a ser el único pingüino a esa altura del paseo de Gràcia». Efectivamente, el día de la cita este asesor financiero de la consultora BDO es el único asiático con traje oscuro y corbata a la vista.
Información publicada en la página 44 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 04 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿A qué se dedica exactamente?
-Asesoro a mi cliente -una pyme, un grupo multinacional o una entidad financiera acreedora- en el proceso de una reestructuración financiera a través de la preparación de informes económico-financieros basados en una revisión independiente del negocio afectado.
-¡Qué miedo dan los hombres de traje oscuro!
-Llevar traje y corbata está mal visto desde hace tiempo. Antes estaba en el sector de compraventa de compañías y algún vendedor nos había pedido muy discretamente a los consultores que fuéramos sin corbata.
-Se mueve entre banqueros, consejeros delegados, altos ejecutivos y jefazos varios. Fuera de ese ambiente, ¿entiende que les miren mal?
-Esta tarde tengo que ir a Sant Boi de Llobregat y sé que la gente me mirará diciendo: «¿Y este qué quiere? Seguro que es un auditor que viene a imponer medidas». Me preocupa lo que veo. No entiendo cómo en Barcelona se mantiene este nivel de vida con lo poco que cobra la mayoría de la gente. Y no hablo de los ejecutivos, porque aquí ganan igual o más que en París. El contraste entre categorías sociales es brutal.
-Cuando llegó a Barcelona hace ocho años, ¿qué le chocó más?
-La cultura de los jóvenes, que vivían en casa de los papis hasta los 30 años pero tenían coche, y no uno de segunda mano, ¡uno nuevo! Respeto mucho esta cultura, pero al español le gusta mostrar riqueza, la tenga o no, y en este sentido creo que Rajoy tiene razón: mucha gente ha vivido por encima de sus posiblidades.
-Es lo que promovían los políticos y facilitaban los bancos.
-Lo comentamos a menudo entre nosotros: «¿De quién es la culpa?» Es cierto que esto era posible porque el banco te dejaba el dinero, pero también es una cuestión cultural. Mire el parque automovilístico español...
-Barcelona está llena de cochazos.
-En cambio, en Toulouse o Burdeos hay muy pocos coches nuevos en la calle. ¿Cómo es posible si el sueldo mínimo de un español es menos de la mitad que el de un francés?
-En Francia conducen Renault 5 que aquí tiraríamos al desguace.
-Allí el día a día es más humilde y conservador. Aquí da vergüenza llevar un viejo R5, la gente se reiría.
-¿Qué coche tiene usted?
-El año pasado me compré un coche alemán de segunda mano. ¡Fue una buena oportunidad!
-Sus padres son vietnamitas, nació y se educó en Francia, estudió en Estados Unidos y Japón y hace ocho años que vive en Barcelona. ¿De dónde es usted?
-Si voy a París me hablan en inglés porque me toman por turista; en Vietnam me ponen en la fila de los extranjeros, aunque tenga pinta de vietnamita, hable vietnamita y haya ido a la pagoda todos los fines de semana de mi vida; aquí no soy ni catalán ni español y puedo ser vietnamita o francés, según convenga. No me siento de ninguna parte. Mi padre me decía que, en una entrevista de trabajo, siempre le darían preferencia a una persona local y que yo siempre tendría que demostrar un plus.
-¿Y cuál es su plus?
-Según mi entorno, es saber escuchar; o mejor, entender lo que piensa la gente. En los negocios, es mejor callar que hablar demasiado.
-Los negocios no tienen fronteras. ¿Ser guiri ayuda?
-Es una ventaja, porque no hay muchos Tran por aquí. A veces mi origen sirve para romper el hielo. Detrás de cada jefazo hay un ser humano y sienten mucha curiosidad: «Mira, un chino financiero», dice la gente cuando me ve.
-¿Un chino financiero?
SEnDLlevo ocho años en Catalunya y nunca he visto a otro asiático financiero. ¿Curioso, no? En París o en Nueva York hay un mogollón, pero aquí la gente ve un asiático y automáticamente piensa que es un chino que tiene un restaurante o un bazar.
-¿Cómo lleva el catalán?
-Estoy casado con una catalana y tenemos dos hijos. Lo entiendo y lo puedo hablar, pero no me esfuerzo porque no es fundamental para trabajar. Le tengo un respeto tremendo, pero, antes de aprender catalán a fondo, mejor estudio japonés.