Carlos Elordi
Periodista
Lo peor de todo es que nadie sabe hacia dónde vamos ni lo que puede pasar. Y el que menos, el Gobierno. Por desidia, por incapacidad de reconocer las tensiones reales y anticiparse a su estallido, Rajoy se ha encontrado de bruces con un problema catalán que no preveía, que seguramente no entiende y frente al cual carece de soluciones. Casi lo mismo le pasa con la economía: desde el primer momento se ha visto superado por la dinámica de unos hechos que antes de llegar al poder no se molestó en estudiar y se encuentra ya en un estadio en el que cualquier cosa que haga es vista con desconfianza o, simplemente, no resulta creíble.
Información publicada en la página 9 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 03 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No es bueno que el Gobierno sea tan incapaz. Sobre todo cuando le quedan, en teoría, más de tres años. Porque un Gobierno que actúe de acuerdo con un proyecto -aunque solo sea el de la mayoría electoral, el de la derecha- es imprescindible para un país. Lo contrario es el reino de la selva. Y empieza a haber indicios de que hacia eso nos encaminamos. En primer lugar, en el propio PP: véase, si no, como Cospedal va por su cuenta y quita el sueldo a los diputados de Castilla-La Mancha, o como algunos barones regionales del partido claman contra el Presupuesto.
La imagen de un Gobierno inane ha favorecido las movilizaciones de las últimas semanas: las de los catalanes por sus aspiraciones más hondas, las del 25-S por el drama que viven millones. Pero, más allá de esas hipótesis, el ambiente de protesta no va a desaparecer. De ese lado no cabe la alarma: no es malo que la gente se exprese. La inquietud está en otra parte: ¿hasta cuándo quienes mandan en la economía y el poder real de la derecha van a aguantar a un Gobierno que no tiene ni idea de hacia dónde va? ¿Podrá Rajoy soportar un rescate europeo, una victoria sólida de Mas y la congelación de las pensiones, que es lo que vendrá de aquí a fin de año?