Josep Oliver Alonso
Catedrático de Economía Aplicada (UAB)
Lo visto estas últimas semanas en celtiberia show pone los pelos de punta. Primero, fue el Gobierno del partido Popular de Mariano Rajoy negando la mayor, no aceptando el rescate bancario ni la condicionalidad macroeconómica ligada a la concesión de un año más para situar el déficit en el 3% del PIB. Después fue la rendición total, pero mareando la perdiz: no había condicionalidad de ningún tipo. Finalmente, llegó la dura realidad, con el memorando poniendo las cosas muy duras a la banca con problemas, y unos notables controles al resto del sistema financiero. Y tras estos 100.000 millones, el golpe de gracia final: un ajuste para el año que comienza en julio del 2012 del orden de unos 20.000 millones de euros, a sumar a los cerca de 25.000 millones de los presupuestos. ¡No querías caldo, pues dos tazas! Al final, ajuste, ajuste y ajuste, y condicionalidad, condicionalidad y condicionalidad. Como siempre en esta crisis, el Gobierno español acaba haciendo lo que le exigen a destiempo, con desgana y a rastras. No es extraño que los mercados miren con cierta distancia estos ajustes, y a la prima de riesgo le cueste reducir su elevado valor.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 19 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
POR SI ELLO no fuera bastante, aparece Ben Bernanke, el gobernador de la FED americana, anunciando que el ajuste bancario español no está resuelto. Y el FMI avisa de que la recesión en España se va a prolongar hasta el 2013, y que ni en este año ni el próximo vamos a cumplir con el déficit acordado. Por si fuera poco, advierte de que uno de los riesgos que encara la economía mundial procede directamente de España, cuya imposibilidad de acudir a los mercados generaría ondas de choque que darían la vuelta al planeta. Por ello no debe extrañar que Jens Weidmann, gobernador del Bundesbank, afirmara que los problemas españoles no iban a solventarse con la ayuda a la banca, y que convenía un rescate a la griega. Este maremágnum explica la sinceridad de Dolores de Cospedal advirtiendo públicamente de dicha posibilidad.
En el área del euro la situación es mejor que aquí, pero tampoco es halagüeña. Francia ha avanzado un plan de austeridad de 40.000 millones, aunque su presidente, François Hollande, no quiera llamarlo así, e Italia ha hecho otro tanto. Y tanto ajuste está afectando al crecimiento de la eurozona, algo que no nos conviene en absoluto. Además, en el resto del mundo pintan bastos. En Gran Bretaña, el banco central anuncia nuevas compras de deuda del Tesoro, al igual que en Japón. Por su parte, en EEUU crecen los temores de que el ajuste fiscal que se pondría en marcha si republicanos y demócratas no llegan a un acuerdo llevaría directamente a la recesión. Finalmente, en los países emergentes continúa la desaceleración, que se intenta controlar reduciendo tipos de interés (China y la India), al tiempo que en Brasil comienza a asomar el temor a la explosión de una burbuja de deuda.
¡Vaya panorama! Y nosotros, ¿qué? Pues no teníamos bastante trabajo como para que ahora el PSOE, como si los problemas de hoy no fueran con él, parece que se tira al monte, y amenaza con ponerse delante de las manifestaciones que van a inundar las plazas del país, al tiempo que el resto de partidos y los agentes sociales, desde sindicatos a patronales, anuncian presiones y movilizaciones.
¿Es comprensible esta posición? Sí. ¿Es razonable? En absoluto. Pero, miren, el país tiene los políticos que nos merecemos. Y Rajoy ya votó en contra del ajuste de José Luis Rodríguez Zapatero en mayo del 2010. Así que ahora le pagan con la misma moneda. Y en el 2011, cuando teníamos que haber insistido en el rumbo de recortes iniciado en mayo del 2010, primero las elecciones municipales y autonómicas, después las generales y, finalmente, las andaluzas de la primavera pospusieron unos recortes que ahora caen como un mazazo sobre el país.
HE CRITICADO el ajuste por su excesivo sesgo hacia los colectivos con menor capacidad de resistencia, en especial los parados. Y he reclamado, y reclamo, cambios fiscales que permitan redistribuir mejor sus costes, desde la revisión de la tributación de las Sicav a la introducción de un impuesto sobre las grandes fortunas y, en el caso catalán, a la recuperación del impuesto sobre herencias. Pero no hay que hacerse muchas ilusiones sobre la capacidad recaudatoria de medidas como estas, aunque socialmente sean del todo necesarias. El grueso de los recortes (aumentos del IVA y reducción de salarios de funcionarios) no tiene alternativa.
Por ello duele más ver el país sumido en un combate político que solo puede acabar con los hombres de negro cruzando los Pirineos. ¿Es esto lo que queremos? ¿Que recorten pensiones y apliquen ajustes aún más severos? Pues vamos en la buena dirección. En esta crisis, como en su gestación bajo el Gobierno de Rodríguez Zapatero, parece que los políticos no son responsables de nada de lo que sucede. Y por ello, si todo continúa así, finalmente a España se le podrá aplicar el dicho: entre todos la mataron, y ella sola se murió. Descanse en paz. Y si no, al tiempo. Catedrático de Economía Aplicada (UAB).